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El
Nacimiento |
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Pedro Ochoa: Figura clave del
gran Racing de la era amateur.
Se incorporó al club a los 15
años y fue tres veces campeón
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Cuando se
trata de buscar el origen de Racing
Club, la piedra fundamental se
encontrará en nombres que nada tienen
que ver con el que dio la vuelta al
mundo desparramando su gloria deportiva
e institucional. Y, como entidad
centenaria, los comienzos coinciden con
las primeras tentativas locales de
formar equipos organizados como clubes.
Muchas de estas iniciativas contenían
apellidos ingleses que impulsaban un
deporte, el fútbol, que los sajones
habían traído desde su tierra en tiempos
en los que los ferrocarriles eran
manejados justamente por los británicos,
quienes aprovechaban el tiempo de
dispersión para armar equipos de once
futbolistas y así poder liberar la
energía de correr detrás de una pelota
en busca del gol. Eran los famosos
“ingleses locos”
La zona en
la que se dieron los primeros pasos que
desembocarían, luego, en el nacimiento
de Racing Club, era la misma que hoy
recorren los miles de hinchas que cada
vez que hay partido en el Cilindro suman
su fervor para alentar a la Academia. En
esa época todavía no era Avellaneda,
sino que el territorio lindante con el
Riachuelo se conocía como Barracas al
Sur.
A la vez
que el siglo diecinueve comenzaba a
despedirse, lo que hoy se conoce como el
Gran Buenos Aires daba sus primeros
pasos entre calles de tierra y chimeneas
que exhalaban el humo de una zona que de
a poco se transformaría un motor
industrial fundamental.
Volviendo
al fútbol, llegó un momento en el que
los criollos se cansaron de ser meros
espectadores de los ingleses. Querían
aprender a dominar la pelota. Y se
entusiasmaron. Por eso, un grupo de
empleados del Ferrocarril Sud le
solicitó a las autoridades la cesión de
unos terrenos para jugar allí al fútbol
en los descansos. La respuesta
afirmativa abrió el camino para demarcar
la cancha y comenzar con los primeros
desafíos, preferentemente ante equipos
con mejores valores (generalmente
ingleses), con el fin de enriquecerse a
partir de estos enfrentamientos.
El talento
argentino, y particularmente racinguista,
estaba ahí, sólo había que despertarlo.
Los nuevos cultores del fútbol no
tardaron en perfeccionarse. Transcurría
el año 1898 y entonces, los empleados
que se juntaban para disputar esos
cotejos amistosos decidieron agruparse
formalmente en un club de fútbol, que se
llamó Argentinos Excelsior Club, cuya
existencia fue de tres años. Al
principio, el equipo fue una sensación;
con el paso del tiempo, el nivel bajó y,
en 1901, su disolución le dio paso a la
creación de otras tres entidades: Sud
América Fútbol Club de Barracas al Sur,
American Club y Argentinos Unidos.
Poco
tardaron los pobladores de la zona,
asiduos concurrentes a los partidos, en
darse cuenta de que había un equipo que
se destacaba sobre el resto: Barracas al
Sud. La habilidad de sus jugadores
cautivó a los hinchas, que se volcaron
decididamente en su favor.
Barracas
al Sud se transformó en un club
organizado a partir del 12 de mayo de
1901, luego de un par de reuniones en
las casas de Ricardo y Emilio Barceló y
de Félix Cirio, en las que se designó a
Pedro S. Werner como presidente, a
Alfredo Lamour como secretario y a
Salvador Sorhondo como tesorero. Otros
nombres que motorizaban la idea de hacer
un club ambicioso eran Arturo y Zenón
Artola, Germán Vidaillac, Leandro
Boloque, Raimundo Lamour (hermano de
Alfredo), Fracisco Balestrieri, José
Guimil, Pedro Viazzi, Ignacio Oyarzábal,
Salvador Sorhondo, Julio Planisi,
Evaristo y Alfredo Paz, Enrique Pujade,
Elías Calmels, Bernardo Etcheverry,
Ricardo y Ernesto Martín, Juan Sepich y
José Paz.
En estos
tiempos, la cocina de la casa de los
hermanos Lamour cumplió funciones de
sede y allí, luego de las 21, quedaba el
terreno libre de todo vestigio culinario
para darle paso a las decisiones sobre
el futuro de la institución.
Si bien el
poderío futbolístico suponía la llegada
de tiempos de gloria, las desavenencias
entre algunos integrantes del incipiente
grupo (entre otras cuestiones un tanto
banales, por los colores de la camiseta:
unos pretendían que fuera a bastones
negros y amarillos y otros roja)
provocaron una pronta ruptura y la
creación, el 16 de marzo de 1902, de
Colorados Unidos, cuyo titular fue
Arturo Artola, con Evaristo Paz como
secretario y Alfredo Guzmán como
tesorero. Este nuevo club se llevó
aproximadamente unos cuarenta socios,
prácticamente obligando a Barracas al
Sud a una reconstrucción.
Lo que
aportó la escisión fue poco, pero
contundente: por separado era imposible
construir alguna entidad con fuerza. De
hecho, Colorados Unidos resultó un
equipo sin mayor trascendencia, a la vez
que Barracas al Sud perdió las virtudes
que lo llevaron a ser “el equipo de la
gente”.
Una
curiosidad: hubo dos personas que se
mantuvieron, durante el año que duró la
separación, como socios de ambos clubes.
Se trata de Germán Vidaillac e Ignacio
Oyarzábal, quienes fueron, en
definitiva, los que propiciaron el
reencuentro entre los exponentes más
representativos de Barracas y Colorados.
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Alberto Marcovecchio: Uno de los
máximos goleadores del
Amateurismo con más de cien
goles |
Werner y
Artola tuvieron varias reuniones antes
de que se produjera la más importante.
Cuando caía la tarde del 25 de marzo de
1903, ambos bandos a pleno se convocaron
a un encuentro definitivo. Juan Ohaco,
padre de los dos jugadores que luego
serían figuras de Racing durante los
años del amateurismo, fue quien autorizó
que la reunión se realizara en el
Mercado de Hacienda, un emblema de la
zona, bajo los cuatro ombúes del sector
llamado La Tablada. Llegaron a la
conclusión de que, como dos clubes
chicos, no había futuro; en cambio, una
institución grande sí tenía porvenir. Y,
por unanimidad, se resolvió volver a ser
una sola fuerza deportiva.
La obra,
sin embargo, no estaba completa. Todos
coincidían en que no repetirían nombres
del pasado. Tenían que encontrar alguno
que fuera distintivo. Las propuestas
fueron muchas y variadas, pero la que
impactó fue la de Germán Vidaillac,
joven de ascendencia francesa, quien
solía leer publicaciones de origen galo.
Justamente, Vidaillac echó mano a una
revista cuyo nombre era Racing Club. Y
puso esa denominación a consideración
del resto. La unanimidad volvió a decir
presente y así llegó el momento
histórico: el nacimiento de RACING CLUB.
Inicialmente, Colorados Unidos aportó 34
socios y un capital de $ 19,65, mientras
que lo de Barracas al Sud fue un tanto
más modesto: 11 socios y $ 16,35. Se
estableció también que la cuota mensual
sería de 1,50 para los integrantes de la
comisión directiva y de 0,50 para el
resto. La numeración de los asociados se
hizo por un sorteo que determinó el
siguiente orden: 1) Alejandro Carbone,
2) Raimundo Lamour, 3) Ignacio Oyarzábal,
4) Pedro Viazzi, 5) José Guimil, 6)
Leandro Boloque, 7) Julio Planisi, 8)
Pedro Werner, 9) Juan Sepich, 10)
Alfredo Lamour, 11) Arturo Artola, 12)
Germán Vidaillac, 13) Alfredo Paz, 14)
Bernardo Etcheverry, 15) Evaristo Paz,
16) Francisco Balestrieri, 17) Enrique
Pujade, 18) Elías Calmels, 19) José Paz,
y 20) Salvador Sorhondo, por mencionar
los primeros.
Se trataba
de jóvenes que no superaban los 20 años
en su mayoría y con una característica
inusual para la época: eran todos
criollos. La efervescencia y, quizás,
algo de improvisación, hicieron que los
primeros pasos de Racing no quedaran
registrados. El primer documento de una
reunión dirigencial contiene el
siguiente texto: “A los siete días del
mes de febrero de mil novecientos cuatro
y siendo las 3.30 pasado meridiano, se
reúnen los miembros de la comisión
directiva de fútbol del Racing Club y se
inicia la consideración de la orden del
día. En primer término se da lectura a
los reglamentos que presenta el señor
Alejandro Carbone y que ha redactado él
mismo”.
Aquella
sesión se levantó a las 17.20, luego de
ratificar la necesidad de que los socios
se mantuvieran al día en el pago de las
cuotas y de designar a Francisco
Balestrieri como encargado de las
cobranzas. Vale mencionar que, sobre
todo en estos primeros tiempos,
difíciles por cierto en cuanto a lo
económico, el único ingreso con el que
la entidad hacía frente a las
necesidades era el que provenía del pago
de las cuotas sociales.
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Racing 1916: Ochoa, Guffanti,
Reyes, Olazar, Comaschi
y Pepe.
Caneveri, Ohaco,
Marcovecchio, Hospital y
Perinetti. |
Además,
por ese entonces, Racing también buscaba
un local propio para realizar las
reuniones de la comisión directiva y
resolver todas las cuestiones vinculadas
al diario vivir del club. De eso se
encargó Pedro Werner, el segundo
presidente que tuvo la institución.
No fue
fácil la tarea, sobre todo por la
mencionada cuestión de la escasez
monetaria, pero Werner era un hombre que
no sólo no se dejaba vencer, sino que
también tenía un don especial para el
convencimiento. Mientras tanto,
cualquier lugar venía bien para tomar
las decisiones necesarias. Incluso, la
sala de espera de la estación Barracas
Iglesias, hasta que el jefe de la misma,
Niceto Barrios, se cansó del bullicio,
de las conversaciones acaloradas y los
tonos elevados, y los echó. Además, y
esto pesó en la decisión de Barrios,
algunos usuarios, aprovechando la
volada, se colaban, situación que
no estaba dispuesto a tolerar.
El
refugio, entonces, fue un cuarto del
fondo de la tienda de Molinelli (quedaba
en Mitre al 500), un conspicuo seguidor
de Racing que cerraba el local cada vez
que había reunión de la comisión
directiva. Pero, finalmente, el
perseverante Werner logró su cometido y
consiguió, a los pocos meses, un antiguo
almacén de la calle Montes de Oca 20,
que tenía un recinto de seis metros
cuadrados y una salita de tres por tres.
Empezaba a cobrar vida el sueño de ser
grande. |
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La Era
amateur |
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Como todo
club que en torno al fútbol, las
primeras actividades de la institución
estuvieron estrechamente ligadas a ese
deporte. De hecho, Racing nació por las
inquietudes de varios muchachos que lo
que querían era unirse formalmente para
jugar a la pelota bajo una misma
denominación oficial. Fue así como a
poco de haberse fundado el club, el 25
de marzo de 1903, comenzaron los
partidos amistosos. Era el principio de
lo que sería, años más tarde, el
supercampeón de la era amateur, un
conjunto inolvidable, récord del fútbol
argentino.
Del
primer cotejo no hay muchas noticias.
Por las informaciones de la época, se
podría decir que se realizó en una
cancha que estaba donde hoy se encuentra
la Sociedad Rural y que los comentarios
dicen que Racing se impuso por 2 a 1 a
Royal. Del primer cotejo del que hay
fehaciente testimonio es de uno para
nada agradable. Según El Diario, el 31
de mayo de 1903, el equipo de Avellaneda
cayó rotundamente ante Plata United por
16 a 0.
Los
primeros años de vida de Racing no
fueron nada fáciles. A los sueños de
grandeza había que darles forma con
hechos. Hacía falta tiempo, paciencia y
mucho ingenio. Durante los primeros
tiempos, tal cual se había conversado en
las primeras reuniones, la novel entidad
se mantuvo gracias al aporte de los
socios mediante el pago de la cuota
mensual.
Racing
utilizaba una casaca enteramente blanca,
que cambió el 25 de julio de 1904, luego
de una reunión de la comisión directiva
en la que se resolvió que fuera amarilla
y negra a bastones, como la de Peñarol,
moción que triunfó por sobre las
combinaciones de verde y blanco, y de
azul y blanco.
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Racing 1919: Macchiavelo,
Castagnola, Vivaldo, Croce,
Reyes, Olazar, N. Perinetti,
Zabaleta, Marcovecchio, Hospital
y J. Perinetti (agachados).
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Esa
casaca, sin embargo, duró apenas una
semana y fue reemplazada por un diseño
propuesto por el entonces presidente,
Luis Carbone: en el frente tenía cuatro
cuadros, dos celeste y dos rosa; la
parte dorsal era completamente celeste.
La primera década del nuevo siglo se
iría con ese modelo, evocado muchos años
más tarde, en la camiseta con la que
Racing volvió a consagrarse campeón
después de 35 años, en el Apertura 2001.
Ese modelo tenía una fina línea rosa, en
homenaje a esos colores iniciales.
Además, en 2005 tuvo esa camiseta como
tercera alternativa, a modo de homenaje,
y la utilizó un vez, en su encuentro
ante Instituto.
Lo
mejor empezó en 1905, cuando Racing Club
se afilió a la Argentine Football
Association y comenzó a participar del
torneo de ascenso. Durante los años del
amateurismo era normal que los mismos
futbolistas fueran a la vez los
dirigentes. Así que se comenzó con un
proceso de adaptación lógico, que llevó
su tiempo.
Para
entonces, Arturo Artola le había dejado
la conducción de la flamante institución
a Pedro Werner, que fue presidente entre
1904 y 1908. Carbone se hizo cargo de la
presidencia en 1909 y Werner regresó al
cargo un año después, en un año
fundamental para el progreso de Racing,
ya que se logró el ansiado ascenso.
Poco a
poco, el club que todavía no era la
Academia seguía creciendo, con el
esfuerzo de cada uno de los socios.
Todavía, sin embargo, Racing no tenía
gran fuerza en la Asociación. Como club
puramente criollo, apoyó la intención de
otros clubes de que las sesiones fueran
en castellano, pero fue una propuesta
que, inicialmente, no prosperó ante el
poderío vigente de los ingleses. Aunque
fue cuestión de esperar apenas un año
más, ya que el fútbol se “argentinizaba”
a cada paso. Así fue como en 1906, el
ente rector del fútbol pasó a llamarse
Asociación, aunque en los libros pasó a
llamarse oficialmente Asociación
Argentina de Football sólo en 1912. Los
criollos empezaron a dominar el fútbol,
algo que, años más tarde, profundizaría
Racing con una marca deportiva
indeleble.
Del
almacén de Mitre y Mariano Acosta,
Racing pasó a efectuar sus sesiones en
un nuevo lugar, situado a pocos metros,
en Belgrano y Mariano Acosta. La
flamante adquisición racinguista, sin
embargo, no tenía ni siquiera la
cantidad de sillas necesarias, por lo
que los integrantes de la comisión
directiva se turnaban en el uso de las
mismas.
Mientras duraron los años del ascenso,
Racing institución aprovechó para
consolidarse. El crecimiento, gradual y
constante, se dio con pies puestos sobre
la tierra, con ambiciones medidas,
justas, realistas. Claro que, en tanto y
en cuanto la solidez lo permitiera, los
objetivos se volvían más amplios y
generosos.
Por
suerte, Racing contaba con buenos
valores y ya en 1908 se llegó a la
primera final por un lugar en la máxima
categoría. El encuentro frente a River
Plate se desarrolló en la cancha de
Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, que
favorecía netamente la afluencia de
público de River, que rápidamente se
instaló en el estadio, lo que impidió el
acceso de los fanáticos que habían ido
desde Avellaneda. Racing perdió 2 a 1,
los jugadores fueron duramente
hostigados durante todo el encuentro y
el público invadió en reiteradas
ocasiones el campo de juego. Por eso,
Racing presentó una queja formal, que
tuvo éxito e hizo que la final se
repitiera. Claro que, con varios
lesionados, la cuestión fue peor y el
equipo perdió por 7 a 1.
El
Racing que se desempeñaba dentro de las
canchas tenía la jerarquía necesaria
como para luchar por el ansiado ascenso
a la máxima categoría. Pero también,
muchos de los jugadores, que a la vez
eran dirigentes, eran respetados. En el
aspecto interno, las buenas manos de
estos hombres se veían reflejadas en la
paulatina evolución. Al 1º de enero de
1909, el club tenía 251 socios, el
equipo había vuelto a jugar en los
terrenos de “La Feria”, el mercado de
Colón y Alsina, y se contaba con el
fundamental apoyo económico de una
importante familia de la zona, los
Barceló. Además, para esa temporada que
se iniciaba se inscribieron dos equipos,
uno “A” y otro “B”, para la Copa
Campeonato y para la Copa Competencia.
En 1909
se volvió a alcanzar las instancias
finales, pero fue Gimnasia el que se
quedó con el halago. Para entonces, el
club inscribía dos equipos en los
torneos, uno “A” y uno “B”. Obviamente,
fue el “A” el que quedó cerca del
ascenso.
Pero no
faltaba mucho, porque en 1910, en el año
del centenario de la Revolución de Mayo,
Racing consiguió su lugar en la
categoría máxima del fútbol. En este
caso, la final fue frente a Boca Juniors,
también en la cancha de Gimnasia y
Esgrima, con el arbitraje de Héctor
Alfano. Unas 4000 personas colmaron las
tribunas. Alberto Ohaco, a los 13
minutos del segundo tiempo, llenó su
garganta de gol y permitió el desahogo
de la parcialidad racinguista. Antes
habían anotado Pastor, para Boca, y
Frers, para Racing. Ese día, el equipo
formó así: Fernández; Seminario, Allan;
Winne, Juan Ohaco, Angel Betular;
Oyarzábal, Alberto Ohaco, Firpo, Frers y
Perinetti.
El año
siguiente fue muy importante para
Racing. El envión resultante del ascenso
fue acompañado, por ejemplo, por nuevas
obras en el estadio de Alsina y Colón.
En realidad, esto era una característica
del Racing de esos años. En 1910 volvió
a la presidencia Pedro Werner y la
comisión directiva aprobó la
reafiliación de Alfredo Lamour, el
guardavalla que había sido expulsado de
la institución por “mala conducta
deportiva”. Y se tomó una decisión que
marcaría el destino glorioso de la
entidad: se eligieron, desde ese año y
para siempre, los colores celeste y
blanco para la camiseta, todo un buen
augurio que se cristalizaría meses
después con la llegada a la máxima
categoría del fútbol argentino. Lo que
hubo que lamentar ese año fue el robo de
copas y premios por el equivalente a 250
pesos aproximadamente.
La
popularidad de Racing aumentó con el
título de la segunda división y nuevos
seguidores empezaron a contarse en los
suburbios capitalinos. La dirigencia
empezó a buscar nuevos horizontes para
afrontar con grandeza el desafío de
participar en la primera A. Por eso se
les ofreció venir a la Argentina a dos
uruguayos de probada jerarquía, como
Carlos Scarone y Pedro Somma, quienes,
entusiasmados por el fervor que
suscitaba el cuadro blanquiceleste, se
sumaron al plantel.
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Plateas del viejo estadio: El
estadio de la década del veinte,
con el techado “inglés”.
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El 7 de
mayo de 1911, Racing empezó su camino en
la primera división, con el empate 1 a 1
frente San Isidro. El gol, el primero en
la máxima categoría, lo marcó el
uruguayo, Carlos Scarone. El primer
éxito se demoró un mes y fue 18 de junio
de 1911, frente a Quilmes, por 2 a 1.
Esa temporada inicial en el fútbol mayor
de nuestro país, Racing se dio un gusto
enorme: ganarle por 3 a 1 al histórico
Alumni de los hermanos Brown, el primer
gran equipo de la Argentina, que ese año
se consagraría por décima y última vez
campeón y le dejaría la posta justamente
a Racing.
Ese año
se dividió el fútbol y se creó la
Federación Argentina en forma paralela a
la Asociación, pero Racing, Boca, River
y Ferro, entre otros, se quedaron en la
entidad original.
Con el
club en pleno crecimiento deportivo, con
cada vez más público que lo seguía, 1912
fue el año del primer choque a nivel
internacional. Una multitud llenó el
vapor Eolo para cruzar el Río de la
Plata y enfrentarse con River de
Montevideo. Racing cayó por 2 a 1 ante
los vecinos y tradicionales rivales. Los
éxitos fuera de las fronteras ya
vendrían.
La
política de gestión se mantuvo
inalterable: a la par de los logros
deportivos, que llegaron con premura,
los encargados de la conducción del club
pusieron manos a la obra para efectuar
mejoras en el estadio, con el fin de que
estuviera más acorde con la calidad del
equipo. Las obras estuvieron terminadas
antes de que se fuera 1912, tal cual
consta en un acta firmada por el
entonces presidente, Arturo Giro. Justo
a tiempo para disfrutar de la histórica
seguidilla de títulos entre 1913 (en
este año la entidad ya contaba con 928
socios) y 1919.
En 1913
empezaría un ciclo brillante de Racing
en el fútbol argentino, que le daría
nacimiento a La Academia. El conjunto de
Avellaneda se convertiría en el primer
gran equipo puramente criollo, inventor
de “la nuestra”, un juego depurado,
técnico y con más brillo que el que
proponía el gran Alumni. Un estilo
distinto.
A
partir de ese año, Racing hilvanaría
nada menos que siete campeonatos
consecutivos, varios de ellos con una
muestra de acabada superioridad.
Era la
época de hombres como Betular, el
goleador Marcovecchio, Pedro Ochoa,
Reyes, Olazar, Alberto Ohaco, Juan
Perinetti, Viazzi y Juan Hospital, entre
otros. ¿Cómo se consagró Racing? Ganó 17
partidos, empató uno y perdió dos,
superó en la final a San Isidro por 2 a
0 y se alzó con el título con una gran
marca de 56 goles a favor y 6 en contra.
Un año
después, el equipo logró dos cosas
importantes: por un lado, se consagró
bicampeón en forma invicta (ganó 12
encuentros y empató1), logro que se
repetiría en 1915, pero con 22 ganados,
dos empates y ninguno perdido; por el
otro, consiguió la primera victoria
internacional frente a Torino, de
Italia, que estuvo de gira por la
Argentina.
En 1916
ganó el cuarto campeonato, sacándole
cuatro puntos de diferencia al segundo,
Platense. El quinto título se logró en
1917, año en el que ya se habían sumado
valores jóvenes que le daría más brillo
al cuidado estilo de Racing, como
Enrique Macchiavelo, el arquero Marcos
Crocce, Ricardo Pepe, Albérico Zabaleta
y Natalio Perinetti, extraordinario
futbolista, hermano de Juan. Racing ya
era la Academia.
Los dos
últimos campeonatos de la serie
consecutiva fueron un “paseo” para
Racing. Consiguió ambos en forma invicta
, pero en el que cerró la cuenta, el de
1919, ganó todos los partidos
programados por la Asociación Amateur, a
la que se afilió Racing, ya que en el
fútbol se había producido una nueva
escisión.
Más
allá de los torneos argentinos, Racing
no paró de cosechar copas. Logró la de
Honor en 1913 ante Nacional, de
Montevideo; en 1913, 1914, 1916, 1917 y
1918 se alzó con la Ibarguren, y la
Aldao la consiguió en 1917 y 1918. Estas
conquistas también fueron determinantes
en el dominio casi a gusto de Racing en
el fútbol argentino de esos años.
Durante
este fabuloso período, además, en 1915,
el club escrituró los terrenos donde hoy
se encuentra la sede de la avenida
Mitre, mientras que el 4 de junio Racing
recibió la personería jurídica, anhelada
durante muchos años por quienes le
habían dado forma al sueño de la
Academia.
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Estadio viejo: El estadio de la
década del veinte, con capacidad
para treinta mil personas.
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Para
reflejar un poco la caballerosidad
reinante en esa época y el don de gentes
de los dirigentes de Racing de entonces,
vale rescatar algo que formó parte de la
memoria y balance del ejercicio
correspondiente al año 1916: “El bárbaro
atentado de que el pupulacho inculto
hizo víctima al Club de Gimnasia y
Esgrima, incendiando sus amplias
instalaciones de Palermo, motivó nuestra
enérgica protesta, elevada al club
amigo, al que ofrecimos de inmediato
field e instalaciones. También
renunciamos a su favor el importe que
nos correspondía por el porcentaje del
último match del campeonato sudamericano
jugado en nuestro field debido a aquella
incidencia, cuya suma es de $ 735,99
moneda nacional”.
En los
albores de la década del 20, Racing ya
era mucho más que fútbol, aunque el
deporte de la número cinco seguía
suscitando el mayor interés. En la
entidad se podía practicar básquetbol,
natación, atletismo y pelota a paleta.
En algunas de estas disciplinas,
cuentan, se destacaban varios de los
integrantes del plantel. Además, el
capital del club se había triplicado de
acuerdo con la memoria y balance de
1924: de 51.730,24 pesos se había
llegado a los 162.523,36, todo un
reflejo de las buenas administraciones
de la época.
Más
allá de que en 1920 se quebró la serie
de títulos seguidos, todavía quedaban un
par de alegrías más. La primera se dio
rápidamente, en 1921. En ese equipo
estaba un gran amigo de Carlos Gardel,
reconocido hincha académico, Pedro
Ochoa, evocado por el Zorzal en el tango
“Patadura”, como “Ochoíta, el crack de
la afición”.
Con
Ochoa y Perinetti como estandartes, y
los goles de Luis Batz, Racing se quedó
con el campeonato de 1925. Con este
título, el noveno oficial a nivel local,
se cerró una época dorada de la
Academia, una de las más brillantes de
su historia. Se iba, también, el
amateurismo, con jugadores como el
guardavalla José Bottaso (La Cortina
Metálica), Antonio de Mare, José Della
Torre y Fernando Paternoster. El
profesionalista abriría una nueva era en
el fútbol argentino. |
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EL
TRICAMPEONATO |
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Con el
comienzo de la década del 30, el
amateurismo le dio paso al
profesionalismo y Racing empezó a
recorrer un camino deportivo lejos de
las alegrías de los títulos. Si bien eso
no alcanzó para detener el avance
institucional y social del club de
Avellaneda, se sabe que en un club de
fútbol, siempre, los resultados
deportivos influyen en el crecimiento.
El paso
del amateurismo al campo rentado no fue
lo feliz que la parcialidad de Racing
Club imaginaba. Teniendo en cuenta el
rotundo suceso académico en los años
románticos del fútbol local, nadie
esperaba que resultara tan complicado
volver a gritar campeón.
De
todas formas, los distintos equipos
blanquicelestes mantuvieron el
virtuosismo heredado de la época
amateur. Racing ganaba muchas veces,
gustaba en varias ocasiones, pero no
conseguía armar una campaña lo
suficientemente sólida como para
erigirse nuevamente en el máximo
referente. Por ejemplo, en 1932, quedó
segundo, a un punto de River (a la
postre el campeón) e Independiente.
Individualidades no le faltaron. Eran
momentos en que la “bordadora” Vicente
Zito dibujaba malabares en las canchas,
y Vicente del Giúdice rompía redes
contrarias. Con los años, se sumaron el
Chueco Enrique García (Rosario Central),
que se transformó en ídolo
inmediatamente con su zurda prodigiosa;
Alejandro Scopelli, goleador que llegó
de Estudiantes, y el Machetero paraguayo
Delfín Benítez Cáceres, un goleador de
raza. Para la década del 40 llegó el
gran back central José Salomón.
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Vicente Zito: Llegó a Racing en
1933, su presencia y la del
Chueco García llenaban de arte
el juego de Racing. |
A fines
de la década del 30, en 1939, el club
recibió la visita de Jules Rimet,
titular de la FIFA, debido a que la
Argentina tenía intenciones de organizar
una Copa del Mundo, algo que se demoró
varios años más. Ya entrados los años
40, se adquirió el edificio donde hoy se
encuentra la sede de Villa del Parque,
en Capital Federal, epicentro de los más
variados eventos. Era algo así como el
club social y deportivo de cualquier
barrio, pero con los colores por los que
se vibraba cada domingo. En esa época,
por Racing pasaron la orquesta de
Osvaldo Fresedo, doña Petrona C. de
Gandulfo y sus recetas de cocina, el
poeta cubano Nicolás Guillén y el
dibujante Vicente Forte.
Los
años 40 no fueron gratos para la
Academia, sobre todo en la primera
mitad. Hasta 1945, el equipo deambuló
por la mitad de la tabla y, algunas
veces, más abajo también. Sólo en 1946
empezó el resurgimiento, con un cuarto
puesto, a siete puntos del campeón, San
Lorenzo. Las incorporaciones se fueron
amalgamando poco a poco. Rubén Bravo
llegó desde Rosario Central como parte
de una operación múltiple, y al año
siguiente, desde el mismo club, Waldino
Aguirre, el Torito. El Turco Ezra Sued
había saltado de las inferiores y era
una fija en el equipo titular. Y para
1948 se hicieron incorporaciones
fundamentales para el tricampeonato que
en breve se lograría. De Huracán
llegaron Juan Carlos Salvini, Norberto
“Tucho” Méndez y Llamil Simes, y volvió
de Atlanta Higinio García. La base
estaba formada.
En
1944, dos días después de festejar el
cumpleaños número 41 del club, se nombró
la comisión pro adquisición del campo de
deportes, que meses más tarde le compró
30.000 metros cuadrados de terreno a los
ferrocarriles Sud y Oeste, donde hoy
están el estadio y el polideportivo. A
comienzos de 1946 se proyectó la
financiación.
El club
seguía con su expansión. Al renovado
éxito en el fútbol se le sumaban también
otros deportes destacados, como hockey y
patín artístico, que se desarrollaban en
el anexo de Villa del Parque. También
Pichuco Troilo hacía bailar a todos los
racinguistas (y otros tantos que no lo
eran) en los carnavales de la época.
Racing
estaba para campeón ya en 1948. Debió
consagrarse. Pero ese año los jugadores
iniciaron una lucha gremial sin
precedentes y con consecuencias
fundamentales en el desarrollo del
certamen. El primer paro se levantó el 9
de abril y le dio paso al torneo. Buen
presagio fue la goleada ante Boca, por 4
a 1. Con una gran serie de siete
victorias consecutivas, Racing saltó al
primer puesto un par de meses después.
Sin embargo, los futbolistas volvieron a
efectuar una huelga y el torneo
prosiguió con jugadores amateurs. El
equipo se cayó y fue goleado por Rosario
Central por 6 a 1, perdió ante
Independiente por 1 a 0 e igualó ante
Platense 1 a 1. Los dirigentes,
ofuscados, retiraron el equipo para las
dos fechas finales. Para colmo de males,
el campeón fue Independiente, que sumó
su tercera corona. Otra vez se frustró
el sueño el título. El maleficio seguía,
pero no por mucho tiempo más.
La
huelga de finales del último certamen
generó una sangría de figuras en el
fútbol local, ya que la mayoría se fue a
jugar al exterior, principalmente a
Colombia. Pero con Racing sucedió algo
curioso. Como Ramón Cereijo, famoso
hincha de Racing y ministro de Hacienda
del gobierno de Perón, no quería que se
desmantelara el plantel, algo de lo que
los jugadores estaban al tanto, ni se
les ocurrió gestionar el pasaporte para
emigrar. Sabían que el mismo nunca les
llegaría. Por eso, la Academia sostuvo
la base que lograría la trilogía de
títulos.
Con
Guillermo Stábile como entrenador,
Racing empezó el camino de la
recuperación en 1949. El equipo se
presentaba sólido en todas sus líneas.
Claro, era importante el hecho de que
los jugadores, varios consagrados, se
conocían. Antonio Rodríguez; Higinio
García y José García Pérez (Nicolás
Palma); Juan Carlos Fonda, Alberto
Rastelli (Saúl Ongaro) y Ernesto
Gutiérrez; Salvini, Méndez, Bravo, Simes
y Sued fue la formación base, o mejor
dicho, la que fue, al final, la titular.
Por supuesto que en ellos no se
terminaba el plantel.
En
1949, Racing se llevó por delante a
grandes y chicos, sin distinción, aunque
el torneo empezó con un tibio empate
ante Banfield 2 a 2. De hecho, Banfield
había sacado ventaja de dos goles, que
después redujeron entre Ameal y Fuchs.
Segunda fecha, primera goleada: 4 a 2 a
Huracán. Como el Cilindro estaba en
plena construcción, Racing actuó como
local en las canchas de San Lorenzo y,
la mayor cantidad de veces, en Boca.
Tras el
empate ante Tigre (3-3) y la victoria
ante Vélez (1-0), en la quinta fecha se
produjo la primera derrota, ante River,
en la cancha de Boca, por un concluyente
3 a 0. Pero eso no melló el alma del
plantel, que se mantuvo en la lucha. En
la fecha siguiente, Racing empató 3 a 3
con Newell’s, venció a Gimnasia (2-1),
perdió con Chacarita (3-2) y goleó a
Lanús por 6 a 1, un resultado clave para
llegar al clásico con Independiente de
la mejor manera. Y vaya si fue así: con
el debut del Colorado Rastelli, el
equipo de Stábile goleó a los Rojos por
5 a 2, con tantos de Julio Gagliardo,
Simes, Donato Hernández (2) y Méndez.
Racing
se impuso en dos clásicos más, en forma
consecutiva: a Boca lo superó
ampliamente por 6 a 2 y a San Lorenzo le
ganó por 3 a 1. Racing sumó una victoria
más, por 4 a 0, frente a Ferro, antes de
caer como visitante con Platense por 2 a
0, que junto con River no aflojaba. Pero
la Academia tampoco se rendía. Y la
lucha se hizo emocionante.
Racing
encadenó una serie invicta de diez
encuentros, en los que venció a Central,
Estudiantes, Atlanta, Banfield, Huracán,
Vélez, River y Newell’s, y empató con
Tigre y Gimnasia, hasta que cayó en la
25ª jornada frente a Chacarita, por 2 a
1, como local. Una fecha más tarde,
empató 2 a 2 con Lanús y se venía
Independiente. ¿Aparecían algunos
fantasmas? Nada de eso, la Academia dio
una lección de fútbol en la primera
etapa con un 3 a 0 contundente, con
tantos de Salvini, Simes y Méndez, y
enfiló así hacia el ansiado título,
porque River cayó en esa fecha ante
Newell’s, con lo que Racing estiró la
ventaja.
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Campeón 1951: Jiménez,
Rodríguez, H. García, Lupiz,
Rastelli, García pérez, Mendoza,
Stábile, Gutiérrez, Simonson,
Cupo, Ameal, Blanco, Simes y
Gagliardo. |
El
partido siguiente, con Boca, en la
Bombonera, se suspendió cuando Racing
ganaba por 2 a 1 y faltaban 11 minutos.
Antes de que ese cotejo se reanudara, el
equipo goleó por 6 a 1 a San Lorenzo, en
la misma cancha, porque Racing actuaba
como local ahí. Tres días después, otra
vez la cancha de Boca fue el escenario,
pero en este caso para completar el
encuentro suspendido. La Bombonera
estaba colmada, más allá de los pocos
minutos que quedaban en disputa. Por más
que el equipo xeneize atacó con toda su
fuerza, la resistencia de Racing fue
suficiente como para sostener el triunfo
por 2 a 1. Con el pitazo final se desató
la locura. La Academia volvía a
consagrarse luego de 24 años. Y era
merecido.
El
certamen se completó con dos victorias
(Ferro y Atlanta), dos caídas (Central y
Estudiantes) y un empate (Platense).
Pero eso fue lo de menos, porque la
verdadera proeza ya estaba consumada.
Racing estaba nuevamente en lo más alto
del fútbol argentino y con excelentes
perspectivas. Además, en 1950 se
inauguró el Cilindro, por lo que el
peregrinaje por distintas canchas llegó
también a su fin, como la racha negra
sin títulos. Pero eso fue en la última
etapa del año. En estos años también se
notó el crecimiento de la masa
societaria: de 14.415 en 1942 se pasó a
36.636 en 1949. Por suerte, para
entonces Racing había superado los años
negros del comienzo del profesionalismo
y había vuelto a gritar campeón.
De
Italia regresó a la Argentina el
Atómico, Mario Boyé, que había triunfado
en Boca y que ahora llegaba para ponerse
la camiseta de Racing y ocupar el sector
derecho del ataque en lugar de Salvini.
En el debut en el certamen, en la cancha
de Independiente, la Academia venció a
Boca (que había sacudido el mercado con
la contratación de José Manuel “El
Charro” Moreno) por 2 a 0.
Después, Racing logró seis triunfos,
sólo interrumpidos por un empate ante
San Lorenzo (2-2). Entre los vencidos
estuvieron Independiente y River. Pero
enseguida se entró en un subibaja entre
derrotas (frente a Newell’s, Atlanta,
Huracán, Platense, Central, Boca y
Chacarita) y victorias (ante Quilmes,
Estudiantes, Ferro, Banfield y
Gimnasia).
A
partir de la derrota frente a Chacarita,
Racing regularizó su camino, algo en lo
que seguramente tuvo que ver el regreso
al hogar, porque en el partido
siguiente, frente a Vélez, se inauguró
el estadio Juan Domingo Perón, lo que
generó una enorme afluencia de público,
que vivió con regocijo el éxito por 1 a
0. A ese triunfo le siguieron otros
cuatro, entre los que se destacaron los
dos últimos de la serie, en ambos casos
goleadas: 4 a 2 a Independiente como
visitante y 5 a 3 contra River, en el
flamante Cilindro.
Para
Guillermo Stabile, la clave había sido
el éxito ante San Lorenzo, que le siguió
al de Vélez: “Fue definitorio, sin
discusión, porque habíamos perdido el
primer puesto dos jornadas antes, a
manos de Boca, lo recuperamos frente a
Vélez y el éxito ante San Lorenzo fue la
llave del campeonato”.
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Equipo campeón 1949. Fonda,
Higinio García, Antonio
Rodríguez, Palma y Gutiérrez;
Donato Hernández, Méndez, Bravo,
Simes y Gagliardo. |
La
definición fue el 12 de noviembre, ante
Banfield. Antes, el equipo había vencido
a Quilmes, Atlanta, Ferro y Huracán, y
había caído ante Newell’s y Estudiantes.
La multitud en el Sur estaba expectante.
Y Racing... perdió. Pero nadie se
lamentó demasiado, porque el empate de
Boca y la derrota de San Lorenzo le
dieron el bicampeonato al equipo
albiceleste. Racing fue un campeón con
10 derrotas, pero apenas un empate y
nada menos que 23 victorias, lo que le
sobró para sacar una diferencia
determinante. Los dos últimos encuentros
sirvieron para que Racing mostrara, ya
sin presiones, lo mejor de su juego.
Así, cerró el torneo con dos éxitos,
ante Platense (4-1) y Rosario Central
(4-2).
¿Era
suficiente con eso? Probablemente, para
muchos. Pero no para los muchachos
racinguistas, que querían redimir al
club después de la extensa sequía. Por
eso fueron por algo inédito hasta
entonces en la era profesional: un
tricampeonato.
El de
1951 fue el primer certamen en el que
Racing dispuso del Cilindro un
campeonato completo. Además, se
incorporó el esgrimista Enrique Lúpiz
como preparador físico, ya que era un
aspecto al que hasta ese momento no se
le daba mayor importancia. Se hicieron
tres incorporaciones: Héctor Grisetti,
arquero de Banfield, para sustituir a
Antonio Rodríguez; Juan Carlos Jiménez,
de Huracán, se sumó a la defensa, y
Alberto Cesáreo, de Boca, aportó lo suyo
para el ataque.
El
comienzo no fue del todo auspicioso. En
las diez primeras fechas, la Academia
ganó dos partidos (Estudiantes y
Chacarita), perdió otros dos (River y
Huracán) y empató cinco (Newell’s,
Quilmes, Ferro, Banfield e
Independiente, como visitante). En la
segunda fecha Racing quedó libre. En
este primer tramo del torneo quedó claro
que Banfield sería uno de los rivales a
vencer. Por la novena fecha, el equipo
del Sur fue local ante la Academia.
Albella, de penal, puso en ventaja al
Taladro. Tan difícil fue el cotejo que
Racing sólo pudo empatar cuando faltaban
12 minutos para el final.
A
partir de entonces, el equipo logró
solidez y no volvió a sufrir una derrota
hasta la 23ª fecha, cuando perdió 4 a 2
ante Ferro. Después de esa caída, Racing
superó a Huracán y a Chacarita, antes de
encontrarse nuevamente con Banfield. El
Cilindro lució un marco espectacular.
Luego de que Higinio García desaprovechó
un penal en el primer tiempo, Ámela puso
en ventaja a la Academia. Pero apareció
otra vez Albella y, cuando faltaba un
minuto, empató el cotejo. Con eso, el
equipo del Sur se mantuvo en la punta de
la tabla de posiciones, con 34 puntos,
seguido por Independiente (33), Racing
(32) y River (31).
En la
fecha siguiente se disputaron dos
partidos “de campeonato”. Por un lado,
Banfield y River igualaron 0 a 0; por el
otro, en el clásico de Avellaneda, la
Academia superó a Independiente por 1 a
0. La tabla de posiciones se reacomodó.
Racing quedó segundo, a un punto de
Banfield, Independiente tercero y River
siguió en el cuarto puesto. La
definición se puso picante.
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Ernesto Gutiérrez: Figura del
tricampeón. De Racing pasó a
España y después hizo una breve
experiencia como entrenador.
|
Tras
los triunfos ante Chacarita (2 a 1) y
Gimnasia (3-0), el 28 de octubre Racing
perdió el invicto que ostentaba en el
Cilindro desde su inauguración a manos
de Boca. Fue 2 a 1. Y podría decirse que
fue una venganza del equipo de la
Ribera, que lavó su honor al devolverle
al equipo de Avellaneda la misma
bofetada que Racing le había propinado
en 1941 al quebrarle el invicto en la
Bombonera.
Después, empate 1 a 1 con Vélez y
regreso al triunfo frente a San Lorenzo,
por 2 a 1, por la 32ª jornada, fecha en
la que Banfield cayó ante Chacarita como
visitante. Racing quedó a un punto
cuando faltaban dos fechas y justo en la
penúltima, Banfield quedó libre. River
estaba tercero, a dos puntos del líder.
Por la 33ª fecha, la Academia igualó
ante Atlanta y alcanzó a Banfield,
mientras que River empató con San
Lorenzo y quedó a un punto. En la
jornada final ganaron los tres equipos:
Racing goleó a Lanús por 5 a 3, Banfield
aniquiló a Independiente por 5 a 0 y a
River no le alcanzó la goleada ante
Atlanta. Todo quedaba para Racing o
Banfield.
Dos
partidos de desempate en la vieja cancha
de San Lorenzo, el Gasómetro. Tan parejo
era todo que el primer encuentro, el 1º
de diciembre, terminó 0 a 0. Las más
diversas conjeturas se tejieron en los
días previos al choque decisivo. Porque
era público que, si bien Perón, a través
de Ramón Cereijo, había sido factótum
fundamental en la construcción del
Cilindro y el engrandecimiento de
Racing, su esposa, Eva, estrechamente
ligada a los sectores de menores
recursos, “prefería” una victoria
banfileña. Este mensaje les llegó a los
jugadores de Racing, que, reunidos, se
dijeron: “Ni locos. Nosotros vamos al
frente”.
Y así
fue. El 5 se disputó la revancha, con
características similares al primer
enfrentamiento. Todo era muy parejo.
Pero Racing tenía un arma: Mario Boyé,
el Atómico, que con un furibundo
zapatazo venció la resistencia de
Graneros, al minuto del segundo tiempo.
Racing se convirtió así, contra todos
los pronósticos que decían que las
finales estaban “arregladas”, en el
primer tricampeón del fútbol argentino.
Los
años 50 se iniciaron de forma
inmejorable, porque el bicampeonato se
festejó nada menos que en la casa
propia, el Cilindro, inaugurado el 3 de
septiembre de 1950. Racing entraba en un
período de esplendor total.
En
1951, al entidad tenía 40.907 socios y
una biblioteca con 5.453 volúmenes.
Fuera del fútbol, un hombre del club,
como Pedro Leopoldo Carrera, se consagró
campeón mundial de billar.
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Llamil Simes: Goleador del
tricampeón y autor del gol en la
inauguración del Cilindro en
1951. |
El
anexo de Villa del Parque pasó a ser
definitivamente de Racing en 1952,
mediante la firma del boleto de
compra-venta con fecha 22 de abril. Así,
la empresa Pavimar, que hasta entonces
le alquilaba los cinco lotes a la
Academia, cedía a cambio de 580.000
pesos una superficie e 3.702,89 metros
cuadrados.
El 25
de julio de 1953 se produjo un hecho
singular. El fallecimiento de Eva Perón
constó en la Memoria y Balance de ese
año. Pero tan importante era la figura
de la señora en el club que el citado
día se descubrió un busto de bronce de
Evita en la sede de Avellaneda.
Aún en
tiempos de bonanza, tanta expansión tuvo
un costo, por supuesto. La institución
pagaba, por ejemplo, 400.000 pesos por
el préstamo correspondiente a la
construcción del estadio. En total,
llevaba acumuladas pérdidas por un valor
aproximado de 5.000.000 de pesos.
Además, en 1955, la cantidad de socios
había bajado un poco, a 36.933, y la
afluencia de público comenzó a decaer
hasta que tocó lo más profundo del pozo
en 1958, con el desencanto que se
produjo ante el fracaso en el Mundial de
Suecia 1958.
Más
allá de esto, la diversidad de
actividades culturales hacía que Racing
fuera una verdadera Academia en todos
los sentidos. El 5 de mayo de 1956, el
escritor Jorge Luis Borges disertó sobre
la obra y destino de Almafuerte en el
salón de actos del club; el mismo mes
actuó el guitarrista Eduardo Falú y la
pianista Pía Sebastián ofreció un
concierto ese año.
Al año
siguiente, el que pasó por Racing fue el
prestigioso director Lalo Schifrin, con
su orquesta Jazz de Vanguardia. En esa
época se dictaban cursos para mujeres
sobre trabajos con paño lency. En el
aspecto económico, el club había
retomado la buena senda,
fundamentalmente a partir del dinero
generado por las ventas de Rogelio
Domínguez y de Humberto Maschio. De esta
forma, los dirigentes anunciaban el
saneamiento de la entidad.
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Mario Boyé: A partir de 1941
jugó en Boca, luego se sumó a
Racing y fue decisivo en los
títulos del 50 y el 51.
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A
partir de allí se vivió en el club una
etapa de solidez, con títulos locales
incluidos, que duró en términos
generales hasta el ciclo del Racing
campeón del mundo, símbolo del esplendor
deportivo de la institución, pero que
detrás estaba sustentado por el
crecimiento de una entidad grande,
pujante y de bases fuertes. |
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ESTIRPE DE
CAMPEON |
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Corbatta: Salió campeón con
Racing en el 58 y en el 61.
Puntero derecho de inolvidables
gambetas, tanto que una calle
junto al Cilindro lleva su
nombre. |
A punto
estuvo Racing de conseguir el
tetracampeonato en 1952. Apenas un punto
lo separó de River, el campeón, que
sería el gran heredero de la dinastía
académica de esos años. El River que con
el tiempo se conocería como “La
Maquinita”, por haber sucedido a “La
Máquina”, aquel gran equipo de la
delantera inolvidable formada por Muñoz,
Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Es
que fue una década dorada la del 50 para
el equipo de Núñez, que logró cinco
títulos en seis años, entre 1952 y 1957,
serie sólo interrumpida nada menos por
Boca en 1954. Pero... ¿qué hubiera
pasado si Racing lograba la cuarta
corona en 1952?
A pesar
de que el paréntesis de títulos de
Racing se extendió hasta 1958, durante
esta etapa el equipo se mantuvo entre
los que discutieron los campeonatos. Ya
se dijo que en 1952 quedó apenas a una
unidad de River, el primero. Al año
siguiente compartió el segundo puesto
con Vélez, aunque finalmente Racing fue
tercero por diferencia de gol. El año en
que Boca se alzó con el título fue el de
peor rendimiento de la Academia, que
quedó décima, a 18 puntos. En el
tricampeonato conseguido por River en
1955, 1956 y 1957, Racing se ubicó
segundo, cuarto y tercero,
respectivamente.
Esos
años, además de las buenas producciones
del conjunto de Avellaneda, sirvieron
para la consolidación de grandes figuras
del fútbol argentino, como el arquero
Rogelio Domínguez, Humberto Maschio,
Pedro Manfredini, Antonio Valentín
Angelillo y el magnífico Oreste Osmar
Corbatta, “El Loco”, un futbolista
exquisito, un puntero derecho que marcó
una huella en nuestras canchas, sin
distinción de colores, y que triunfó con
otra celeste y blanca, la de la
selección, en el recordado Sudamericano
de Lima, en 1957.
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Delantera de 1961: El ataque en
las primeras fechas del torneo:
Corbatta, Pizzuti, Borges,
Mansilla y Belén. |
En 1952
se había armado un buen equipo. Pedro
Dellacha y el arquero Alberto Favalli
(ya había jugado en Racing en 1947)
llegaron de Quilmes, “Palito” Balay de
Huracán y Juan José Pizzuti abandonó la
camiseta de River para ser adoptado para
siempre por la gente de Racing. Se
retiró el guardavalla Antonio Rodríguez
y Ameal se fue al Globo. En 1953 empezó
a preocupar la edad de los jugadores.
Puzzuti era el más joven, con 26 años,
pero Boyé, Méndez, Simes y Sued ya
tenían 30. Se reforzó la delantera con
Ortigüela (Newell’s) y el regreso de
Ameal. Para la floja campaña de 1954 se
adquirieron los pases de Cap, Maschio y
Sivo a Quilmes, y Boyé se fue a Huracán.
Para 1955, Pizzuti se fue por un año a
Boca y Méndez pasó a Tigre, pero se
incorporaron Angelillo, de 17 años y
proveniente de Arsenal, y Adalberto
Rodríguez, de Banfield. Se afianzaron
Maschio y Corbata, y Cigna y Santos
aportaron lo suyo en ataque. Los
cimientos de la renovación estaban
puesto y firmes.
En
1956, a pesar de que se fueron Angelillo
(a Boca) y el veterano Simes (a Tigre),
sólo se incorporó el puntero izquierdo
Juan Carlos Mendiburu, de Vélez. Al año
siguiente se sumó el mendocino Pedro
Manfredini y la Raúl Belén, mientras el
pasivo del club se saneaba gracias,
fundamentalmente, a los ingresos
generados con las ventas de Rogelio
Domínguez y el Bocha Maschio. El arquero
Osvaldo Negri y el zaguero Juan Carlos
Murúa dejaron las inferiores para
sumarse al plantel profesional. Igual, a
River no había con qué darle. La
fórmula, sin embargo, la encontraría el
propio Racing en 1958.
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Equipo campeón 1961. Negri,
Anido y Mesías, Blanco,
Scardulla y Peano; Corbatta,
Pizzuti, Mansilla, Sosa y Belén.
|
Vale
hacer un paréntesis para mencionar el
suceso logrado por el seleccionado
argentino en 1957, en Lima, Perú. La
selección se consagró campeona con un
fútbol de alto vuelo y una delantera
fenomenal en la que tuvieron
determinante participación tres hombres
de Racing: Corbatta, Maschio y
Angelillo. “Los carasucias”, como se
conoció a aquellos atrevidos jóvenes que
le cambiaron la cara a la otra celeste y
blanca, formaba arriba con Corbatta,
Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz.
Tal vez
por esta actuación también haya sido
mayor el gran fracaso en el Mundial de
Suecia, un año después, que generó una
depresión en el fútbol argentino, ya que
la gente quedó desencantada con el
equipo dirigido justamente por el
armador del tricampeón académico,
Guillermo Stábile. Pero para Racing no
fue malo ese año porque quebró la
hegemonía millonaria y volvió a gritar
campeón.
En el
banco, Racing tenía a un hombre de la
casa, José “Pechito” Della Torre, que
supo combinar la prestancia de hombres
como Corbatta, Manfredini, Cap, Pizzuti,
Dellacha, Murúa, Sosa, Belén y Anido
para darle a la Academia un nuevo
título, con el que se rompería el
magnetismo que River tenía con los
títulos locales y que sólo pudo
recuperar 18 años después.
 |
|
Pizzuti: Como jugador fue
campeón en Racing en 1958 y en
1961. Se hizo técnico y fue el
inventor del equipo que ganó
todo: El equipo de José.
|
Racing
llegó a la consagración dos fechas antes
del final del certamen, con el empate 3
a 3 frente a Lanús, como visitante. Nada
fue sencillo, porque el equipo perdía
por 3 a 1, pero en la media hora final,
con goles Vladislao Cap y Pedro
Manfredini, alcanzó la igualdad que
significó un nuevo campeonato para
Racing, el cuarto en la era profesional.
Poco importó que en los dos cotejos
finales empatara 2 a 2 con Vélez y
perdiera 2 a 0 frente a San Lorenzo.
Lejos
de conformarse, el equipo de Avellaneda
se mantuvo entre los de arriba en los
dos torneos siguientes (fue segundo en
1959 y cuarto en 1960), hasta que en
1961 volvió a festejar un título, con un
plantel que tenía algunos valores
nuevos, con el gran Federico Sacchi como
estandarte de elegancia y efectividad.
También llegaron Borges, Mesías, Peano y
Berón. Lo de Racing fue modestia pura al
lado del derroche de dinero de otros
clubes, encabezados por Boca y River,
que creyeron ver la fórmula del éxito en
las contrataciones fulgurantes y los
extranjeros. La Academia ni siquiera
perdió el equilibrio con el técnico:
otra vez apostó a alguien con pasado en
la entidad, como Saúl Ongaro.
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Sacchi: Uno de los mejores
centrales del fútbol argentino
llegó a Racing en 1961 y fue
campeón. En la Selección estuvo
en el Mundial 1962. |
El
grupo tuvo un andar notable en el
certamen. Mostró una seguridad y un
andar firme que prácticamente le
aseguraron el título sin sobresaltos.
Una serie de cinco victorias seguidas
frente a Argentinos Juniors, Boca, Los
Andes, Ferro y Huracán en el inicio
mismo del torneo le permitieron al
equipo de Ongaro forjar una imagen
positiva que se prolongaría por el resto
del certamen. Incluso, el invicto se
estiró hasta la decimotercera fecha,
hasta que en la decimocuarta fue
Independiente, con una goleada, el que
rompió la cadena exitosa de la Academia.
Racing no se cayó en lo absoluto,
mantuvo su poder y forjó un nuevo
invicto de trece fechas, que también se
cortó con una goleada, en este caso ante
Gimnasia, por 8 a 1, aunque el resultado
no hizo la mella que hubiera causado en
otras circunstancias porque en la fecha
anterior, la vigésimo séptima, con el
éxito en el clásico ante San Lorenzo por
3 a 2 , la Academia se había consagrado
campeón.
La
campaña no dejó dudas de su
superioridad: Racing ganó 19 de los 30
encuentros y fue categórico en las redes
adversarias, con 68 tantos. Un nuevo
clásico frente a Independiente dejó un
empate 1 a 1 y siete expulsados en
total, que implicaron que Pizzuti
tuviera que atajar un rato. No importaba
demasiado, una nueva estrella en el
cielo racinguista comenzaba a brillar. |
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LA GLORIA
MUNDIAL |
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Dicen que
lo único inexorable es el paso del
tiempo. Que no hay forma de que se
detenga ni siquiera un instante. ¿Será
cierto eso? Tal vez; tal vez no. Cuando
un hecho es tan inmenso, tan
trascendente que los días, los años, las
décadas no lo pueden borrar, entonces es
posible pensar que se ha vencido al
tiempo. Como en aquel lejano 4 de
noviembre de 1967. ¿Lejano? Si parece
que fue ayer, hace un rato nomás. La
pelota la tenía Juan Carlos Rulli, ya en
campo de Celtic. Cerca de tres cuartos
de cancha, le dio el balón al Juan
Carlos Cárdenas. El Chango acomodó la
pelota para la zurda. La leyenda cuenta
que el Bocha Maschio le gritó: “Pateá”.
La verdad es que Maschio le pidió la
pelota. Pero el Chango nunca lo escuchó.
Y, casi por intuición, metió el zurdazo
furibundo, desde unos 30 metros, tirado
unos metros hacia la derecha del eje
central de la cancha. El balón viajó en
vuelo heroico hacia la red del arco
defendido por Fallon, hacia la victoria,
hacia la gloria, hacia la eternidad.
Racing 1 vs. Celtic 0. Racing campeón
del mundo. La Academia vencía al tiempo.
A esas
alturas, más allá de la magnitud, el
logro no resultaba sorprendente, porque
el equipo ya había sabido construir su
propia fuerza en el camino que lo llevó
hasta la definición de la Copa
Europeo-Sudamericana. Los títulos de
1966, en el certamen local argentino, y
de 1967, en la Copa Libertadores, le
dieron a Racing la posibilidad de ser el
mejor del mundo ante Celtic. Por eso no
fue sorpresa; en todo caso, se había
alcanzado el nivel de mito.
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Abrazo 66: Segundo partido en
Avellaneda que Racing gana por 2
a 1. Los abrazos por el triunfo
que se paladea a los 48 minutos
del partido |
Al
ciclo más importante del club en la era
profesional no se llegó de un día para
el otro. En realidad, fue el resultado
de un extenso período de recambio
generacional que comenzó con la
consagración albiceleste en el certamen
de 1961. Ese plantel contaba con varios
jugadores de experiencia, que, tras
conseguir el título, empezaron a ceder
terreno ante el impulso joven de varios
valores de las divisiones inferiores.
Para
1962, el arquero Toledo, de Estudiantes,
se sumó al veterano Negri y a un pibe
que asomaba en el plantel de primera:
Agustín Mario Cejas, que debutó hacia
fines de año, el 11 de noviembre, en la
goleada académica ante Chacarita, por 7
a 3. Dos semanas más tarde, en el 0 a 0
frente a Independiente, se produjo otro
estreno importante: el del santiagueño
Juan Carlos Cárdenas, que se mantuvo
como titular hasta el final del torneo.
Además
de esos debuts, que la historia se
encargaría de hacer significativos,
también fue destacable la despedida con
una clara victoria por 3 a 0 frente a
San Lorenzo. Pero lo cierto fue que la
campaña no fue nada buena. Racing
terminó en el noveno puesto entre 15
participantes, producto de 8 triunfos,
10 empates y 10 derrotas, con 39 goles a
favor y 41 en contra.
Una
verdadera renovación se dio para el
campeonato de 1963, que fue el que contó
con menos equipos de la historia, 16, ya
que se pretendía darle mayor brillo,
algo que no logró plasmarse. Llegaron
nada menos que 7 refuerzos para la
Academia: Juan Larrea (de Huracán),
Mattera (puntero derecho uruguayo),
Basílico (Vélez), Oscar Martín
(Chacarita), Julio San Lorenzo (Nueva
Chicago), Reynoso (San Lorenzo) y Luis
Carrizo. También volvió Juan Carlos
Oleniak. Entre los que se fueron,
Corbatta pasó a Boca; Sanguinetti y
Blanco a Chacarita, y Eduardo Curia a
Vélez.
Ya el
arranque no fue bueno. La Academia sumó
su primer triunfo apenas en la sexta
fecha, cuando venció a Argentinos
ajustadamente por 2 a 1. Al menos,
sirvió para que el equipo se destapara y
comenzara a recuperar terreno en la
lucha por el título. Y lo hizo sin
pausas, con significativas victorias
frente a San Lorenzo (2-1), Boca (3-0) e
Independiente, al que superó como
visitante por un contundente 4 a 0. Este
último éxito no sólo fue fundamental por
propias características, por tratarse
del clásico rival y por haber sido una
goleada, sino también porque le permitió
a la Academia quedar a un punto del
líder, River, equipo con el que se
enfrentó en la fecha siguiente, el 22 de
septiembre. Se acercaban los momentos
cruciales del campeonato y Racing tenía
la gran oportunidad de quedar en la cima
de las posiciones si le ganaba al
conjunto millonario. Sin embargo, la
ilusión racinguista chocó con la
histórica paternidad riverplatense. Los
hombres de Núñez se impusieron por 2 a
1, con goles de Luis Artime.
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Abrazo del 66: Martín se saluda
con Pagani, atrás Mori y
Cárdenas |
Lo
peor: el River de los 18 años negros
tampoco pudo resistir el embate de
Independiente, que en un buen final,
ganó de arremetida y salió campeón con
dos unidades de ventaja sobre River y
siete sobre Racing y Boca.
Sin
descensos para el certamen de 1964, con
los ascensos de Ferro y Newell’s, Racing
volvió a sumar numerosos refuerzos para
intentar meterse otra vez en la
discusión: José Omar Pastoriza (Colón),
César Luis Menotti (Central), Luis
Maidana (Banfield), Daniel Bayo
(Gimnasia), Sivina (Central Córdoba),
Pentrelli (volvió de Italia) y los
brasileños Baptista, Claudio y Dorval.
Lo curioso: Racing se desprendió de su
goleador, Julio San Lorenzo, quien pasó
a Banfield junto con Bertulessi y Peano.
El
comienzo fue por demás irregular, con
victorias y derrotas alternadas. El
equipo no aparecía y los cambios en el
equipo se sucedían en una alocada
carrera sin resultados. Entre tanta
búsqueda se produjo el debut de un pibe
en la defensa, frente a Atlanta: Roberto
Perfumo. Pero los problemas de Racing
pasaban fundamentalmente por el ataque,
algo que se solucionó parcialmente sobre
el final de la primera rueda, algo que
le permitió al equipo quedar a sólo tres
puntos del líder, Boca.
En la
rueda siguiente, otra vez apareció en
escena la irregularidad del equipo. Sin
embargo, el éxito por 1 a 0 ante Boca,
que no perdía desde la primera jornada,
con un tanto de Federico Sacchi, reavivó
la esperanza. No por mucho tiempo.
Pronto volvió el Racing de la
incertidumbre, que no sólo terminaría el
certamen en un insulso sexto puesto, con
Boca como monarca.
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Cárdenas: Debutó en Racing en
1962. Jugó 321 partidos y anotó
89 goles. |
Se
acercaba el gran año, pero por la
realidad del equipo, parecía que Racing
estaba lejos de una nueva conquista. En
1965, la Academia siguió en picada. Se
reforzó con Juan Carlos Rulli, Juan José
Rodríguez y Benicio Ferreira, de Boca,
mientras que el conjunto xeneize se
llevó a Menotti y a Sacchi; además,
llegó Jaime Martinoli de Banfield,
Castillo de Español, y la Bruja Belén,
en sus últimos tiempos de jugador, se
fue a Newell’s.
A tal
punto la campaña de Racing fue mala que
el final de la primera etapa lo encontró
en el último puesto de la tabla. La
segunda rueda no trajo demasiadas
novedades, al menos en el comienzo. El
equipo se mantenía en el fondo de la
tabla y no había quien encontrara la
fórmula para salir del mal trance.
Renunció el entrenador, José García
Pérez, pasó Cacho Giménez como interino
y el 19 de septiembre llegó el gran día.
Racing, el último, se enfrentaba con el
primero, River, un equipo embalado por
el buen andar. Esa tarde, en el banco de
Racing se sentó por primera vez Juan
José Pizzuti. En verdad, no había una
gran euforia y es lógico pensar en eso.
El equipo estaba haciendo una campaña
muy pobre y la paternidad millonaria no
prometía alegrías. River empezó ganando
con un gol de Artime. Todo indicaba que
la historia sería la de casi siempre.
Pero “Tito” Pizzuti hizo el milagro, su
equipo hizo el milagro. Un tanto de
Castillo y dos de Juan José Rodríguez
dieron vuelta el resultado y entonces sí
se desató la algarabía popular. El
último “volteaba” al líder y Racing,
desde lo más profundo de su crisis,
sacaba fuerzas para ponerse de pie.
Una
nueva derrota en la fecha siguiente,
ante San Lorenzo, por 2 a 0, no hizo
mella en el espíritu renovado de un
grupo que empezaba a meterse en la
historia grande del fútbol argentino y
mundial sin darse cuenta. En el cotejo
siguiente, un empate 1 a 1 frente a
Atlanta, comenzó una serie invicta de 39
partidos que recién pudo quebrar el Boca
de Carlos Bianchi entre 1998 y 1999,
cuando estuvo 40 partidos sin conocer la
derrota. Y la imagen sirve para marcar
diferencias entre un tiempo y otro, y a
la vez darle valor a lo hecho por ese
equipo albiceleste: con esa racha,
Racing logró el título de 1966, mientras
que Boca, con una actuación similar, se
quedó con dos coronas locales, por los
torneos cortos. En fin, cuestiones del
paso del tiempo que en este caso
favorecieron al conjunto xeneize.
Finalmente, el certamen de 1965 terminó
con Boca campeón y otra frustración para
River. La levantada de Racing, que se
mantuvo invicto durante los últimos 14
encuentros del certamen de 1965, le
permitió alcanzar el quinto puesto. Fue
el nacimiento de un equipo emblemático.
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Cárdenas hizo el gol más famoso
de la historia, para darle a
Racing la copa Intercontinental.
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Para la
gesta de 1966 se incorporaron Fernando
Parenti (Lanús), los uruguayos Benítez y
Nelson Chabay (llegó de Racing de
Montevideo, recomendado por Nito Veiga,
ayudante de Pizzuti). También se sumó
Miguel Mori, de Independiente, en canje
por José Omar Pastoriza. Se fueron
Anido, Pentrelli y José Vazquez.
El
equipo arrancó el torneo con el envión
del final de 1965. En la primera fecha,
venció a Atlanta por 2 a 0, con goles
del Yaya Rodríguez. Fue el primer paso
hacia el título. La Academia empató 0 a
0 con Vélez, venció a Newell’s 2 a 0 y a
Quilmes 5 a 0, igualó con Banfield 0 a 0
y superó a Chacarita 1 a 0. Para la
sexta fecha, los hinchas recibieron un
regalo muy preciado: el reencuentro en
la cancha con Humberto Dionisio Maschio.
El “Bocha” nunca había dejado de tener
contacto con su amigo Pizzuti, de quien
había sido compañero, durante los años
en los que jugó en Italia. Las cartas
los mantenían al tanto de la vida y los
pasos de cada uno. El técnico, a
sabiendas de que a Maschio se le vencía
el contrato en la península, le hizo
saber que lo quería de nuevo en Racing.
Por eso, le dijo al entonces presidente
de la institución, Santiago Saccol, que
hiciera todos los esfuerzos para
convencer a Maschio de ponerse
nuevamente la camiseta celeste y blanca.
Y así fue. El 10 de abril, ante
Chacarita, el “Bocha” volvió a la
Academia y su equipo se impuso por 1 a
0, con un gol del Yaya Rodríguez.
Si
hubiera que mencionar una sombra en el
torneo, habría que buscarla por el lado
de River, cuándo no. Es que en el primer
clásico del certamen, ante el conjunto
de Núñez, Racing empató 1 a 1 y, en la
segunda rueda, los millonarios fueron
los que le cortaron la serie invicta a
la Academia. Pero no nos adelantemos.
Después de la igualdad con River, Racing
superó a Estudiantes (1-0), Huracán
(2-0), Ferro (4-1), Central (1-0), Colón
(1-0), Lanús (2-1) y Platense (3-1),
mientras que empató con Argentinos
(0-0), Boca (otro clásico igualado, 0-0)
y Gimnasia (2-2). En las dos últimas
fechas de la primera rueda, la Academia
consiguió los dos primeros triunfos en
los clásicos. El 3 de julio superó como
visitante nada menos que a
Independiente, por 2 a 0, con tantos del
Bocha Maschio y Jaime Martinoli,
mientras que el 17 del mismo mes superó
por 2 a 1 a San Lorenzo, con goles del
Yaya Rodríguez y Basile (Veira descontó
para el Ciclón).
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Un
equipo de 1966. Carrizo, Basile,
Pastoriza, Perfumo, Martín y
Bouzas; Pentrelli Cárdenas, J.
J. Rodríguez y Martinoli.
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Si bien
la segunda rueda comenzó con tres
empates, ante Atlanta, Vélez y Newell’s,
Racing no se quebraba. Después de esa
serie consiguió tres victorias seguidas,
frente a Quilmes (2-1), Banfield (1-0) y
Chacarita (3-0). Justamente este último
triunfo frente al equipo de San Martín
fue el eslabón final en la histórica
serie invicta del “Equipo de José”,
porque a la fecha siguiente, la
vigésimosexta, River –esa eterna espina–
lo venció por 2 a 0 y terminó con la
imbatibilidad académica. Con lo que no
terminó fue con el espíritu ganador del
plantel, porque esa sería la única
derrota hasta el final del campeonato.
Después
del cotejo ante River, Racing les ganó a
Estudiantes (3-0), Argentinos (3-0),
Ferro (6-0), Rosario Central (2-1) y
Platense (2-0), e igualó con Huracán
(2-2), Colón (0-0) y Lanús (2-2). El 13
de noviembre Racing le ganó en el
Cilindro el clásico a Boca por 3 a 2,
con una gran actuación del Panadero
Rubén Díaz. Ese éxito lo puso a las
puertas de un nuevo título.
Una
semana más tarde llegó la consagración,
en La Plata, con el empate 0 a 0 frente
a Gimnasia y Esgrima, con dos fechas de
anticipación. Ese día Racing dio la
vuelta olímpica que fue la antesala de
la consagración de la Academia en el
mundo. El certamen terminó con un empate
3 a 3 frente a Independiente y una
victoria de despedida ante San Lorenzo
por 2 a 0.
Con el
título local en el bolsillo, en 1967,
mientras comenzaba la disputa de los
torneos Metropolitano y Nacional, Racing
fue en busca del reconocimiento mundial.
Y lo consiguió. Lejos estuvo la empresa
de resultar sencilla y basta con un dato
para certificarlo: la Academia se
consagró en la Copa Libertadores más
larga de la historia. Para quedarse con
ella, el equipo dirigido por Juan José
Pizzuti disputó nada menos que 20
partidos.
Para
afrontar el objetivo no se tocó la base
del plantel; de hecho, se enriqueció con
las incorporaciones de los delabnteros
Norberto Raffo y Joao Cardoso, el
defensor Antonio Manillo, y el arquero
Antonio Spilinga. La Academia integró el
Grupo 2 y arrancó con todo: un claro
éxito frente a River por 2 a 0, en
Avellaneda. Después, el equipo cayó
rotundamente frente a 12 de Octubre, de
Bolivia, como visitante, por 3 a 0, pero
ya no volvería a caer en la primera
etapa, algo que lo clasificaría para las
semifinales. Seguidamente, el conjunto
albiceleste superó a Independiente
Medellín (2-0), Independiente Santa Fe
(2-1) y a Bolívar (2-0), todos como
visitante; luego, en el Cilindro, venció
a Independiente Medellín (5-2),
Independiente Santa Fe (4-1), 31 de
Octubre (6-0) y Bolívar (6-0), para
cerrar su actuación en esa instancia con
un empate 0 a 0 ante River, en Núñez.
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Equipo en Montevideo 1967:
Cejas, Basile, Perfumo, Martín,
Chabay y Rulli; Joao Cardozo,
Maschio, Cárdenas, J.J.
Rodríguez y Raffo. |
Claro
que la Academia pasó algunas
vicisitudes, no en lo deportivo, pero sí
en otras cuestiones. Por ejemplo, la
realidad colombiana de ese momento no
permitía que el equipo saliera del hotel
donde se alojó cuando fue a jugar a ese
país. Y de aquella excursión a tierra
cafetera es la anécdota que cuenta que
el grupo corrió peligro de muerte en un
vuelo. Fue en el viaje de Medellín a
Bogotá, en la tarde del 27 de marzo, en
un DC-4 de la empresa SAM. El vuelo duró
sólo una hora, pero la delegación no
tuvo descanso. Una tormenta
impresionante sacudió la aeronave como
pocas veces. El miedo invadió a todos y
con razón. En un momento, la máquina
empezó a descender a gran velocidad:
“¡Nos matamos!”, gritó el Bocha Maschio.
Cuando todo parecía perdido, el piloto
consiguió enderezar el avión .
Volviendo al fútbol, en el comienzo de
las semifinales Racing se volvió a
enfrentar con River, con el que empató 0
a 0 como visitante. Después, hilvanó
cinco triunfos consecutivos: ante
Universitario, de Perú, por 2 a 1 en
Lima y Avellaneda; frente a Colo Colo, 2
a 0 en Chile y 3 a 1 en el Cilindro,
donde por la última jornada superó a
River por 3 a 1. Racing estaba en la
final de la Copa Libertadores.
A pesar
de semejante campaña (cinco triunfos y
un empate), el equipo de Pizzuti dirimió
el pase a la final en un desempate con
Universitario, en Chile, donde con la
victoria por 2 a 1 logró acceder a las
finales.
Tampoco
le resultó sencillo a la Academia el
último paso, que tuvo que dividir en
tres, frente al Nacional uruguayo,
porque los dos enfrentamientos
originalmente pautados terminaron 0 a 0,
en Montevideo y Avellaneda. Hubo que ir
a un desempate, otra vez en el estadio
Nacional de Chile, como contra
Universitario. Racing sacó ventaja en el
primer tiempo, con goles de Joao Cardoso,
a los 14 minutos, y Norberto Raffo, a
los 43. Pero cuando faltaban 11 minutos,
descontó Espárrago para Nacional.
Entonces, los instantes decisivos fueron
emocionantes. El conjunto argentino
resistió los embates uruguayos y al
final se quedó con el gran premio: la
Copa Libertadores.
Ese 29
de agosto en el país se desató la fiesta
blanquiceleste, de una punta a la otra,
en la sede de Avenida Mitre, en
Avellaneda, en el Cilindro. Fue una
fiesta gigante, genuina.
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Festejo Maschio: Segundo partido
ante Celtic, en Avellaneda.
Racing ganó 2 a 1 y Maschio
festeja. |
Pero
había más. Los jugadores y los hinchas
sabían que podían seguir haciendo
historia. Quedaba la Copa
Europeo-Sudamericana, la gloria total.
Sin el conocimiento que hay hoy de
muchos clubes del mundo –ni hablar de
los más importantes–, Racing emprendió
el viaje a Europa para enfrentarse con
Celtic, de Escocia.
El 18
de octubre fue el primer choque, en
Hampden Park. Un solo cambio respecto de
la definición de la Libertadores: Juan
José Rodríguez por Joao Cardoso. La
esperanza se derrumbó. Los escoceses se
impusieron por 1 a 0 con un tanto de
McNeill a los 24 minutos del segundo
tiempo. “Se acabó un ciclo”, dijo
Pizzuti, abatido.
La
derrota había calado hondo en el ánimo
del grupo. Pero quedaba la revancha del
1º de noviembre. Para entonces, la
“calentura” del momento había pasado.
Pero aún así hubo que sufrir y mucho,
como en todo el camino que condujo al
club de Avellaneda al éxito mundial.
Chabay entró por el Panadero Díaz y
Cardoso por Mori. El Cilindro era un
hervidero. De hecho, el arquero titular
visitante, Donald Simpson, no pudo jugar
porque en el calentamiento recibió el
impacto de un proyectil. Así y todo, la
tarde empezó bien para Celtir, porque
Gemmel abrió la cuenta a los 21 minutos
de la primera etapa, de penal. Enseguida
volvió la calma y empató Norberto Raffo.
Pero hacía falta un gol más para ir al
desempate. Y apareció el Chango Cárdenas
apenas iniciado el segundo tiempo: 2 a 1
y a Montevideo a definir la historia.
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Perfumo: El Mariscal se adaptó a
jugar de zaguero en el Racing
campeón de Pizzuti y pasó a ser
uno de los mejores en ese
puesto. |
El 4 de
noviembre fue la gran cita del otro lado
del Río de la Plata. El estadio
Centenario estaba a pleno. Una gran
cantidad de racinguistas cruzaron el río
para alentar al equipo, pero la verdad
es que la Academia fue visitante en
Uruguay, aún a pesar del gesto del
equipo, que intentó congraciarse con el
público saliendo con una gran bandera
uruguaya. No hubo cambios en la
formación. Cejas; Perfumo y Chabay;
Martín, Rulli y Basile; Cardoso, Maschio,
Cárdenas, Rodríguez y Raffo. El partido
fue áspero, como se preveía. Antes de
que terminara el primer tiempo, el
árbitro paraguayo Rodolfo Pérez Osorio
expulsó a Lennox y a Basile por agresión
mutua. Johnstone también se fue antes,
apenas comenzado el segundo tiempo, a
los tres minutos. Con un hombre más,
Racing se fue con todo para adelante.
Hasta que a los 10 minutos del
complemento Rulli y Cardoso armaron la
jugada; Rulli se mandó y el Chango
Cárdenas se mostró en la izquierda; la
pelota le llegó, avanzó unos metros,
levantó la cabeza y le dio de zurda al
balón, con tremenda fuerza y dirección.
Estaba a unos 25 o 30 metros del arco.
El estadio hizo silencio durante una
fracción de segundo. Fallon, el arquero
de Celtic, voló hasta lo imposible. De
nada sirvió. El remate del Chango estaba
en la red. Se desató así la carrera
enloquecida del delantero académico para
abrazarse con Basile. El delirio se
apoderó de los argentinos. La victoria
estaba cerca.
El
encuentro continuó áspero. Por eso
también se fue expulsado Hughes y, antes
del final, Rulli. Pero a esas alturas,
la batalla estaba ganada. Cuando el
árbitro indicó el final, hubo un
estallido argentino que retumbó en el
mundo. Fue el de la Academia, el de
Racing Club, primer campeón mundial de
nuestro país. |
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LA LENTA
CAIDA |
El
pináculo al que llegó Racing en 1967 con
las conquistas de la Copa Libertadores y
la Copa Europeo Sudamericana significó
también el final de una era plena de
gloria, no sólo en lo deportivo, sino
también en lo institucional. Si bien la
pendiente del tobogán no comenzó a
recorrerse inmediatamente, a partir de
la década del 70 la Academia se
transformó en un club que
recurrentemente renovaba las ilusiones,
pero que sistemáticamente sucumbía por
los graves errores en el manejo de la
entidad.
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Cejas: El que más partidos jugó
en Racing con 334. Fue clave en
el equipo de José. Pasó por la
selección y luego fue entrenador
del club dos veces. |
Santiago Saccol, el hacedor desde la
dirigencia del gran campeón, retomó la
presidencia en 1968. Poco a poco, ese
gran plantel empezó a desmembrarse por
distintas cuestiones. El dinero se
gastaba en incorporaciones que en la
mayoría de los casos no compensaron en
la cancha la inversión efectuada. Racing
empezaba a sufrir, casi sin darse
cuenta, al compás de un país que vivía
también una época difícil.
A
comienzos de los años 70 surgieron
figuras como Juan Domingo Rocchia y
Carlos Squeo, pero las dificultades
económicas hicieron que rápidamente
buscaran nuevos horizontes, lo mismo que
el Mariscal Roberto Perfumo, que se fue
a Cruceiro, de Brasil. Así y todo, la
Academia se las ingeniaba para meterse
en la lucha de los torneos.
Así fue
como en 1967, año de apogeo y esplendor
futbolístico, el equipo llegó a la final
del primer campeonato Metropolitano, en
la que cayó frente al Estudiantes de
Osvaldo Zubeldía por 3 a 0, el mismo
equipo que también lo dejó afuera de la
Copa Libertadores al año siguiente para
empezar la cadena de tres copas
consecutivas. De ahí en más, casi todas
serían malas para la Academia.
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Equipo 1980: Entre otros:
Hirsfield, Olarticoechea,
Calderón, Carios López, Bottaniz,
Barú y Vivalda. |
Ya en
1969 se hizo una importante renovación
del plantel y varias figuras, como
Perfumo, Cejas y Basile, se fueron a
otros clubes, incluso del exterior. A
partir de 1970 comenzó a notarse
claramente la caída del Imperio
Académico. Racing comenzó a hacer
incorporaciones sin escatimar dinero,
pero también sin medir consecuencias
futuras, esas que, a la larga,
desembocarían en la quiebra y casi
desaparición de la institución.
Por
ejemplo, en 1969 se pagaron 35 millones
de pesos por Roberto Rodolfo Aguirre, de
Newell’s, en lo que fue la transferencia
más onerosa de la temporada. Como nuevos
valores aparecían Juan Domingo Rocchia,
Carlos Squeo y Miguel Adorno.
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Estadio en ruinas: Símbolo de la
crisis, el 26 de septiembre de
1983, una columna se derrumbó
sobre la tribuna. |
En el
Metropolitano de 1972 Racing formó un
buen equipo y salió subcampeón, con
Daniel Onega, Carlos Della Savia y
Ubaldo Fillol, entre otros refuerzos que
jerarquizaron el plantel. Pero eso no
cambió el destino. Un año después,
Racing volvía a hacer campañas
olvidables, con Angel Amadeo Labruna
como entrenador. También pasó Zubeldía,
pero nada. Y en 1976, el equipo de
Avellaneda estuvo por primera vez ante
el riesgo de descender, algo de lo que
se salvó apenas por un punto.
La
crisis no hizo reaccionar a los
dirigentes de entonces. Racing siguió
sin rumbo en lo institucional y en lo
deportivo continuó con la política de
intentar salir a flote con grandes
contrataciones. Ni los sucesivos
gobiernos ni las contrataciones
rutilantes, con el caso de Julio Ricardo
Villa como paradigma, en 1977, por quien
se pagó la cifra récord de 80.000.000 de
pesos, lograron frenar la pendiente
institucional y deportiva. Igual, Racing
no estuvo ni siquiera cerca de alguna
consagración. A Saccol lo siguieron
Armando Ramos Ruiz (ex interventor en la
AFA), Nerón Sordelli, Roberto Fontella y
Ramón Vinagre, con quien Racing empezó a
sufrir los primeros sofocones con el
descenso. Sin embargo, los dirigentes no
le prestaron atención a la alarma y
siguieron con la política infructuosa de
comprar y comprar jugadores. Los años
pasaron y el club, poco a poco, se fue
hundiendo cada vez más.
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Juan Barbas: Campeón mundial
juvenil en 1979. En el 81 se fue
de Racing al Zaragoza, Lecce y
Sion. Participó del mundial del
82. |
Los
nombres pasaban y el equipo seguía por
la misma pendiente. Surgían, aún en la
depresión, chicos que generaban ilusión,
como Juan Alberto Barbas y Gabriel
Humberto Calderón, quienes fueron
campeones del mundo Sub 20 en Japón con
la selección argentina, en 1979, tras el
título ecuménico de mayores en nuestro
país, un año antes. Pasaron técnicos de
todas las clases: del riñón del club,
como Agustín Mario Cejas; con pasado
académico, como José Omar Pastoriza, e
ídolos de otras divisas, como Enrique
Omar Sívori, símbolo de River. También
estuvieron jugadores como Julio
Olarticoechea, el uruguayo Juan Ramón
Carrasco (en quien se gastaron 600.000
dólares), José Van Tuyne, José Berta y
muchos otros.
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|
Néstor Scotta: Scotta, uno de
los últimos goleadores del
Racing de los años setenta.
|
Así y
todo, el 12 de octubre el estadio se
reabrió, aunque sólo para ser escenario
de la más grande tristeza en la historia
deportiva de la institución. Un emblema
racinguista como Juan José Pizzuti se
hizo cargo del equipo en reemplazo de
Rogelio Domínguez. Pero el equipo estaba
decididamente a la deriva, con un
plantel que no entendía al técnico y que
estaba lejos de ser un grupo homogéneo.
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Quique Wolff: Apareció en la
primera de Racing a los 18 años,
en 1967. Fue un indiscutido
lateral derecho hasta que River
pagó un dineral por su pase.
|
Como si
el destino estuviera ensañado con hacer
sufrir a Racing de todas las formas
posibles, el mismo entrenador que llevó
al club a sus mayores conquistas fue el
que también estuvo sentado en el banco
en el peor momento, ese que llegó el 18
de diciembre de 1983, cuando la Academia
cayó frente al Racing cordobés por 4 a 3
en Avellaneda. El partido se suspendió a
los 41 minutos por los incidentes en las
tribunas, pero el Tribunal de
Disciplina, como era de esperar, lo dio
por terminado con el resultado
mencionado. Racing pasó tristemente al
fútbol del ascenso. |
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EL ASCENSO
Y OTRA COPA |
Mientras
el país salía de un período de gobiernos
de facto, en 1983, el club transitaba
una de las etapas más oscuras. El 27 de
septiembre de 1983, la torre del estadio
Juan Domingo Perón se derrumbó y con
ella casi se caen también las ilusiones
de reapertura de la cancha, que había
sido clausurada en 1981 por falta de
mantenimiento. Las imágenes del Cilindro
era un espejo patético en el que el club
se veía reflejado. Aún así, con
tremendas dificultades a cuestas, la
cancha se reabrió el 12 de octubre de
1983, pero como una cachetada del
destino, eso sólo sirvió para afrontar
en casa la peor noticia de la
decadencia: el descenso.
 |
|
Basile: Empezó en las inferiores
y fue campeón con el equipo del
’66. Como técnico devolvió a
Racing a Primera en el 85 y ganó
la Supercopa en el 88.
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Ramón
Cereijo, un histórico dirigente político
ligado a Perón y famoso hincha de
Racing, dijo: “Racing cayó, pero no
murió”. El viejo gran campeón quedaba
sumido en la peor crisis, futbolística e
institucional hasta ese momento.
La
gente, una vez más, dio muestras del
inconmensurable amor por la camiseta
llenando todos los estadios de la
Argentina mientras el equipo jugó en el
ascenso, generando recaudaciones
asombrosas. Lo que se esperaba en ese
momento de angustia era el
resurgimiento. Muchos se decían
entonces: “Peor no podemos estar. Ahora,
tenemos que volver a ser los de antes”.
La gente reaccionó, tocada en el amor
propio, y, en lugar de darle la espalda
al equipo, sacó más fuerzas que nunca y
llenó cada cancha en la que el equipo
jugó. El camino no resultó nada sencillo
y una muestra es que la Academia no pudo
gritar campeón en las dos temporadas que
estuvo en la B. Con el apoyo fervoroso
de la hinchada, con Jorge Castelli como
flamante entrenador, con Miguel Brindisi
a la cabeza de otra andanada de
refuerzos, la Academia comenzó el duro
camino de regreso a la primera.
Debutó
en la categoría con una victoria por 2 a
1 frente a Los Andes, con goles de
Brindisi y Pavón. Pero el equipo no
logró consolidarse y despegar en la
punta del certamen. A tal punto llegó la
irregularidad de Racing que, finalizada
la primera rueda, el técnico Castelli
renunció. Lo reemplazó Agustín Mario
Cejas. La crisis económica de la entidad
tampoco ayudaba como para calmar las
aguas. Finalmente, Deportivo Español se
quedó con el título y el primer ascenso,
mientras que conjunto albiceleste se
clasificó para el octogonal por la
segunda plaza en primera. Racing alcanzó
las finales del reducido tras dejar
atrás a Deportivo Morón y a Lanús.
Gimnasia y Esgrima se cruzó en el camino
de la Academia en los encuentros
decisivos, se impuso por 3 a 1 en
Avellaneda y por 4 a 2 en La Plata. Otro
sueño astillado.
En 1984
los problemas en la tesorería se
incrementaron. El club quedó expuesto a
constantes embargos por parte de ex
jugadores. Muchos dirigentes pensaban
que, ante la crisis y la deuda de
1.200.000 dólares, había que deshacerse
de la sede de Avellaneda y la de Capital
Federal, con el fin de juntar el dinero
necesario para salir del mal momento.
El año
siguiente, Cejas continuó al frente del
equipo y llegaron Horacio Attadía,
Walter Fernández, Miguel Angel
Colombatti y Néstor Sicher, entre otros.
Otra vez el recorrido fue largo y
difícil. A Racing, la B le costaba más
de lo que suponía. La empresa de volver
a primera no era “pan comido”. Pero ahí
estaba el viejo Racing, intentando, sin
demasiada suerte. Por eso, Cejas dejó su
cargo en medio del certamen. Los
siguieron Cacho Giménez (interinamente),
Vicente Cayetano Rodríguez y,
finalmente, otro símbolo de la Academia:
Alfio Basile. Sin embargo, Rosario
Central se llevó el título de la primera
B. Y Racing, a duras penas, volvió a
clasificarse para el torneo reducido. El
primer paso en el octogonal fue con
susto: se le ganó y se perdió con
Banfield por 3 a 1, aunque por
cuestiones reglamentarias se clasificó
el equipo de Avellaneda. El acceso a las
finales fue menos traumático, con dos
victorias sobre Quilmes, por 2 a 0 y 3 a
1. Llegó Atlanta, llegó la gran
oportunidad. Y la Academia, esta vez, no
desperdició la chance. Prácticamente
liquidó el pleito en el primer
encuentro, en el que se impuso por 4 a
0, con dos goles de Walter Fernández,
uno de Miguel Colombatti y otro de
Pavón, en la cancha de River, el 22 de
diciembre de 1985. En la revancha, en el
mismo escenario, el 28 de diciembre el
zurdazo mortífero de Néstor Sicher
alcanzó para el empate 1 a 1 con el
equipo de Villa Crespo. El estadio
estalló en un grito sentido, esperado.
Racing volvía al fútbol grande, al
fútbol de primera.
Más
allá de los errores, el destino parecía
también ensañarse con el equipo de
Avellaneda, porque justo cuando
consiguió el ascenso, a fines de 1986,
al año siguiente se reestructuraron los
torneos de primera. Se dejaron de
disputar los Metropolitanos y los
Nacionales y se organizaron certámenes
nacionales por temporadas, como en
Europa y durante el mismo período, de
mitad a mitad de año. Entonces, Racing
tuvo que esperar un semestre para
recuperar su lugar en primera.
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Costas: Vivió el ascenso y el
descenso. Jugó 11 años en el
club. En 1999 también fue
técnico. |
Eso
llevó al presidente de entonces, Héctor
Rinaldi, a alquilar gran parte del
equipo a Argentino de Mendoza, que
disputaba el torneo regional, para que
se mantuviera en actividad. Los que se
pusieron a disposición del club
mendocino fueron el técnico, Basile, y
los jugadores Wirtz, Vázquez, Costas,
Néstor Fabbri (se había incorporado,
proveniente de All Boys), Ortiz, Zubczuk,
Attadía, Washington González, Walter
Fernández, Medina Bello, Szulz, Lamadrid,
Cordero, Colombatti, Olivera, Astegiano,
Acuña y Esteban Pogany (otro refuerzo).
La experiencia fue un rotundo fracaso.
Pero la ilusión de volver a primera era
muy superior a todo. Y la hora llegó.
Ya sin
Alfio Basile en la conducción, porque no
llegó a un acuerdo por su contrato, por
lo que volvió a ponerse el buzo de DT
Rogelio Domínguez. De movida nomás, la
primera recibió a Racing con dos
clásicos: primero, ante River, en el
Monumental, y luego frente a
Independiente, en el Cilindro. Fueron
dos empates, 1 a 1 con los millonarios
(gol de Medina Bello) y 0 a 0 con
Independiente.
El
regreso no fue sencillo. El andar
irregular del equipo generó problemas no
sólo deportivos, sino también de orden
policial, ya que se transformó en un
hecho común que los barrabravas de la
entidad les intimidaran a los jugadores
y el cuerpo técnico. Se terminó
rápidamente el ciclo de Rogelio
Domínguez y, luego de algunos partidos
en los que se hizo cargo la Subcomisión
de Fútbol, con la colaboración de Nelson
Chabay, volvió el Coco Basile; el
arquero Ubaldo Fillol, en sus últimos
años de actividad, pero en plenitud,
volvió a la institución, y el equipo
empezó a repuntar. De estar por debajo
de la mitad de la tabla, Racing comenzó
a escalar posiciones poco a poco, hasta
quedar finalmente en la quinta posición.
El campeón del torneo 1986/87 fue
Rosario Central, que logró algo inédito:
alzarse con los títulos de primera B y
de primera A en dos temporadas
consecutivas. La Academia se clasificó
para la Liguilla, que ganó
Independiente, que así se clasificó para
la Copa Libertadores 1988.
Para la
temporada 1987/88, Basile siguió como
técnico y se incorporaron dos jugadores
que le dieron muchas alegrías a la
Academia: el goleador José Raúl Iglesias
y el talentoso Nº 10 uruguayo Rubén Paz.
Si bien Racing no logró el. Título, la
campaña fue buena y terminó tercero,
detrás de Newell’s y San Lorenzo. La
primera rueda fue espectacular. A tal
punto que Racing terminó primero. El
equipo consiguió una serie de cinco
victorias seguidas sin sufrir goles en
contra, entre las que se recuerda una
soberbia goleada frente a Boca, en
Avellaneda, por 6 a 0, con dos goles del
Toti Iglesias, dos de Colombatti, uno de
Medina Bello y otro de Acuña. Racing
encontró un perfil de equipo que sedujo
a su gente como hacía muchos años no
pasado. Pero pese a ese reencuentro con
el estilo de la vieja Academia, Racing
no pudo coronar tantas buenas
actuaciones con un título. Como ya se
dijo, el campeón fue Newell’s y Racing
fue tercero. Y tampoco pudo quedarse con
la liguilla, que ganó San Lorenzo.
El
premio para este equipo llegaría en el
ámbito internacional, con la disputa de
la primera Supercopa sudamericana, un
certamen reservado para los ganadores de
la Copa Libertadores, que se comenzó a
disputar en 1988 y que se prolongaría
hasta 1997.
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Fillol: Atajó 6 penales en su
primer torneo. Fue campeón
mundial en el 78 y volvió a
Racing en el 87. |
El 24
de febrero, el conjunto dirigido por
Alfio Basile debutó en el campeonato con
una victoria con historia: venció por 2
a 0 a Santos, de Brasil, en Avellaneda,
con tantos de Iglesias y Colombatti.
Como en la revancha igualaron 0 a 0,
Racing pasó de rueda.
Esta
vez, la Academia tuvo algo más de suerte
que en otras oportunidades, como si la
mano viniera justa para que Racing
rompiera con el maleficio, al menos, a
nivel internacional. Como la cantidad de
equipos que quedaban era impar se hizo
un sorteo, en el que salió beneficiado
el conjunto de Avellaneda, que pasó
directamente a las semifinales.
En esa
instancia se cruzó con River Plate,
vencedor de Gremio, de Brasil, en los
cuartos de final y que siempre mantuvo
una molesta paternidad con Racing. El 25
de mayo, día de la fundación del club
millonario, se enfrentaron en el
Cilindro. River se puso en ventaja con
un gol de Jorge Borelli, que años más
tarde se pondría la camiseta albiceleste.
En el inicio de la segunda etapa, Walter
Fernández hizo valer su potencia
goleadora y con dos tantos dio vuelta el
partido.
El 1º
de junio fue la revancha en el
Monumental. River volvió a sacar
ventaja: a los 20 minutos ganaba 1 a 0
con un gol de penal de Nelson Gutiérrez.
El encuentro se puso emocionante. El
final era incierto. Todo era una
incógnita. Hasta que apareció Néstor
Fabbri a pocos minutos del final y con
un cabezazo venció a Nery Pumpido.
Racing estaba en las finales de la
Supercopa.
Otra
vez el formato hizo que Racing actuara
como local en el primer encuentro, el 13
de junio. De vuelta a sufrir en el
desarrollo, porque, como River, el
equipo de Belo Horizonte pasó al frente
con un gol de Robson, a los 36 minutos.
Sin embargo, Walter Fernández seguía
“encendido” y anotó el empate. Los
minutos pasaban, pero la igualdad no se
rompía. El Cuando el resultado parecía
sellado, apareció otra vez Walter
Fernández, escapó por la izquierda
arrastrando a varios marcadores, tiró el
centro atrás y Miguel Colombatti batió a
Wellington. El delirio se apoderó de
Avellaneda.
Cinco
días después, a sufrir al Mineirao, de
Belo Horizonte. El gran golpe fue a los
43 minutos del primer tiempo, con la
gran escapada de Omar Catalán, que
terminó en el fondo del arco brasileño.
Con la carrera fervorosa del goleador,
el estadio enmudeció, salvo por ese
puñado de hinchas argentinos apretujados
en un rincón de esa mole de cemento. El
segundo tiempo fue a todo corazón. Había
que sostener el resultado. Basile cambió
figuritas: hizo entrar a Ramón Medina
Bello por Catalán, pero sacó a Rubén Paz
y lo puso a Hugo Pérez. A los 37
minutos, Robson igualó el cotejo, pero
ya estaba muy cerca la Academia. Y el
partido terminó. Y la Academia se
desahogó después de tantas
frustraciones. Y otra vez, al menos en
una flamante copa internacional, gritó
campeón.
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Walter Fernández: Llegó a la
Academia en 1985. Logró el
ascenso a primera y fue
partícipe de la Supercopa del
88. |
Unos
meses después, el 17 de septiembre de
ese año, Racing se quedó con otra copa,
la Supercopa Interamericana, al vencer a
Sportivo Herediano, de Costa Rica, por 3
a 0, en tiempo suplementario, aunque
este título nunca fue reconocido
oficialmente por la Confederación
Sudamericana de Fútbol.
Claro que
eso no importaba demasiado: Racing
estaba nuevamente instalado en el
concierto importante del fútbol. Al
menos deportivamente, la Academia volvía
a brillar. |
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LA DECADA
INEFICAZ |
En la
década del 90, las gambetas y los goles
mágicos de Rubén Paz no lograban
sostener una estructura que se
derrumbaba inexorable y dolorosamente.
El estadio, en estado de abandono total,
terminó por convertirse en depósito de
papas. Una vergüenza que los hinchas de
Racing nunca admitieron para la gloriosa
historia de su club. Destéfano venció a
Osvaldo Otero en las elecciones de 1991,
que luego de una larga y engorrosa
batalla judicial fueron declaradas
fraudulentas. Sin embargo, la dilación
de la Justicia le permitió al ex
dirigente metalúrgico y de la CGT
mantenerse en el cargo y presentarse en
los comicios de 1995, en los que fue
vencido por Otero, en ese momento
apoyado por Daniel Lalín, quien comenzó
a conducir el fútbol profesional con el
aporte de capitales propios.
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|
García: El Turco llegó a Racing
en 1991, desde el Lyon, de
Francia. Fue un puntero derecho
de buenos centros y preciso en
la definición. |
Parecía
que era la gran oportunidad del club
para renacer de las cenizas. Las obras
de reacondicionamiento del estadio se
pusieron en marcha, mientras un equipo
con nuevas figuras comenzaba su
participación en el torneo Apertura
1995, con Pedro Marchetta como director
técnico, quien luego le dejó su lugar a
Miguel Brindisi. El equipo fue segundo y
peleó hasta la última fecha con el Vélez
de Carlos Bianchi.
El club
dio otro paso en pos de su saneamiento
definitivo: en 1996 se cerró el concurso
de acreedores y se abrió uno nuevo,
siempre bajo la tutela del juez Enrique
Gorostegui. El pasivo del club se redujo
de 24.000.000 a 12.000.000 de dólares y
eso fue festejado por la nueva
dirigencia como un título.
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|
Iglesias: Fue goleador del
equipo en su primera temporada
en Racing. Fue campeón de la
Supercopa en el 88. “Aparece el
Totigol”, decía la hinchada.
|
Con el
tiempo, entre Otero y Lalín surgieron
diversas diferencias que minaron el
camino del club. Lalín se alejó de la
entidad y se convirtió en el peor
enemigo de Otero. A todo esto, Destéfano
aportaba su granito de arena desde
afuera cada vez que podía para hacer
crecer un germen que llevó a Racing casi
a la extinción: las tremendas luchas
intestinas.
El club
volvió a desviarse. Perdió la
oportunidad de enderezar sus cuentas,
las cuales empezaron a inflarse en rojo
como nunca antes. El club se sostenía en
base a préstamos que servía para pagar
deudas, pero también para engrosar el
pasivo.
En
medio de otra crisis, a fines de 1997,
Daniel Lalín se impuso en las elecciones
a Enrique Cappozzolo y Mario Fracchia y
se convirtió en el nuevo presidente de
la institución. Sus promesas de devolver
a Racing a los primeros planos
terminaron pronto. El empresario
gastronómico utilizó la misma fórmula
que en el comienzo de la presidencia de
Otero: trajo un nuevo técnico, Angel
Cappa, y formó un equipo de nuevas
figuras, adquiridas con capitales
propios, pero que en definitiva debía
pagar Racing. El 14 de julio de 1998,
mientras el plantel realizaba la
pretemporada en Concordia, Entre Ríos,
presentó el pedido de quiebra, que fue
aceptado por el juez Enrique Gorostegui.
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Claudio López: Debutó en Racing
en 1992 y desplegó su velocidad
por ambas puntas. Jugó en la
Selección Argentina hasta 2003.
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Lalín
pretendió hacer una jugada económica
para evitar la presión insostenible de
tener que levantar permanentemente
embargos para que el equipo pudiera
utilizar a los refuerzos. Pero el tiro
le salió por la culata.
La
síndico Liliana Ripoll, designada por el
juez Gorostegui, tomó las riendas del
club e hizo un manejo austero. De a
poco, recortó los gastos del equipo, lo
que significó también la resignación
deportiva a no pelear en los primeros
puestos.
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Paz: El uruguayo fue campeón en
la Supercopa del 88 y ese año le
otorgaron el Olimpia de plata al
futbolista del año. |
Así y
todo, las crecientes dificultades
económicas hicieron inviable la normal
continuidad de la entidad. Lalín perdió
poder y en marzo de 1999 llegó un
momento crucial en la historia de
Racing. Fue cuando la síndico pronunció
la frase que nunca nadie quiso escuchar:
“Racing Club Asociación Civil ha dejado
de existir”. Era el fin. |
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VOLVER A
GRITAR CAMPEON |
La cita en
la cálida mañana de verano fue bien
temprano, en el Hindú Club, de Don
Torcuato. Lejos del ruido de la gran
ciudad, en ese oasis verde que supo ser
refugio de muchos equipos. A las 8.30,
el plantel empezó a salir del vestuario
y los jugadores se sentaron en el centro
de la cancha principal con Reinaldo
Carlos Merlo. Se establecieron las
pautas iniciales, todos empezaron a
conocerse. Allí buscó Racing la
intimidad necesaria para empezar a
construir una gesta heroica, un grito
ahogado por muchos años, un mito que
revivirá con el recuerdo de cada hincha
académico: el logro del título en el
torneo Apertura 2001, después de 35 años
de amarga e injusta espera.
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Reinaldo Merlo, con su “Paso a
Paso”, fue el técnico del
campeón de 2001 |
El
camino no fue sencillo. El equipo, a
comienzos de 2001, estaba seriamente
acuciado por el temido fantasma del
descenso y venía de hacer la peor
campaña de su historia, en la que quedó
último, en el torneo Apertura 2000.
Hacía falta un importante giro de timón
y un aporte económico genuino para
rescatar a la institución. Hacia allí se
apuntaron los esfuerzos desde el momento
en el que el juez de la quiebra, Enrique
Gorostegui, estimó como propuesta más
confiable la realizada por
Blanquiceleste S.A.
El
reglamento sólo permitía la llegada de
un par de refuerzos, no más. Sin
embargo, Racing hizo tres
incorporaciones. El delantero Luis Rueda
y el defensor chileno Pablo Contreras
ocuparon las plazas permitidas y se
repatrió al atacante Maximiliano
Estévez, quien rescindió su préstamo con
Racing de Santander y se reincorporó a
la Academia sin problemas porque su pase
pertenecía a Racing.
Después
de muchos años, el equipo hizo una
pretemporada pensando exclusivamente en
los objetivos deportivos. Atrás habían
quedado las incomodidades de otras
temporadas en las que a duras penas y
con problemas económicos e
institucionales los jugadores podían
realizar un trabajo como las exigencias
del fútbol de hoy indican. Esta vez,
Bariloche y todos los hinchas de Racing
que hay ahí le brindaron el calor y la
tranquilidad necesaria para empezar a
forjar la mística de grupo.
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Maximiliano Estévez remata en el
partido contra River que empezó
a definir el torneo.
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El
torneo Clausura 2001 empezó mal. La
esperanza de Racing comenzaba en el
Cilindro, frente a Talleres, pero el
destino parecía empecinado en poner a
prueba el temple celeste y blanco:
derrota 1 a 0. Con un nuevo técnico, en
ese momento sin identificación con el
club, y un plantel sin demasiada
renovación, en el que predominaban
viejos valores como Claudio Ubeda,
Sergio Zanetti, Gastón Sessa, jóvenes
que habían crecido a la sombra de los
malos tiempos, como Javier Lux, Adrián
Bastía, Carlos Arano, el propio Chanchi
Estévez y Vicente Principiano, entre
otros, y refuerzos buscados con los
pocos pesos que tenía el club, como José
Chatruc y Osvaldo Canobbio, la historia
pintaba complicada.
En el
segundo partido, frente a Los Andes,
como visitante, los gritos de los
hinchas se hicieron sentir. El empate 2
a 2 no conformó y Merlo empezó a sufrir
en carne propia los reclamos populares.
Se le recriminaba un planteo poco audaz.
Se mezclaban las necesidades y el gusto
histórico de los hinchas. No había
tiempo: había que levantarse como fuere,
había que andar. Y el equipo anduvo, con
algunos dolores, pero anduvo.
Hubo
dos victorias muy importantes, hasta
podría decirse que inesperadas, aunque
jamás imposibles para el espíritu de un
Racing que a lo largo de su existencia
siempre supo inflar el pecho afrontar
los más difíciles momentos. Los dos
triunfos fueron en el Cilindro, como
para calmar los ánimos de la gente.
Primero, por la tercera fecha,
Maximiliano Estévez siguió con su
costumbre de hacerle goles a San Lorenzo
y anotó los dos tantos de la gran
victoria por 2 a 0; en el medio, un
valioso empate como visitante ante
Chacarita, y por último, de vuelta en
Avellaneda, un gran éxito ante Boca por
2 a 1, con goles de José Chatruc, de
penal, y de Luis Rueda, quien en ese
momento no imaginaba que ese sería su
último tanto del torneo y que su
rendimiento iría en baja hasta perder la
titularidad a manos del uruguayo Osvaldo
Canobbio, a la postre el goleador del
equipo junto con Estévez, ambos con seis
tantos.
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Entra Racing al Cilindro lleno,
una postal que se repitió en el
Apertura 2001. |
Después
de la alegría con Boca llegó un choque
extrañamente más importante desde el
punto de vista matemático, frente a
Argentinos Juniors, uno de los rivales
directos por el descenso. Claro, era una
situación extraña, porque Racing, por
historia, vibraba con los choques frente
a los grandes, pero su futuro se
dirimía, fundamentalmente, con los
rivales directos en la lucha por mejorar
su promedio. Con los antecedentes de los
éxitos ante San Lorenzo y Boca, la
confianza estaba en un punto bien alto.
Entonces, la rosa volvió a mostrar sus
espinas: caída por 2 a 0 en Ferro y a
sufrir otra vez. Encima, el posterior
empate 0 a 0 como local ante Unión sólo
hizo revivir los gritos de las primeras
fechas.
Los
altibajos fueron una característica.
Siguieron tres victorias en cuatro
partidos, hasta un nuevo e inesperado
traspié, en Avellaneda, frente a
Almagro, por 4 a 0, que fue el comienzo
de una serie complicada, porque fue el
primero de seis partidos en los que la
Academia no pudo ganar. Ni en los
clásicos volvió la alegría, porque
frente a River se cayó en forma rotunda,
por 3 a 0.
La
recuperación llegó en el momento justo,
cuando los nervios y los miedos habían
ganado la escena, cuando el promedio
flaqueaba. El empate 1 a 1 ante Colón,
en Santa Fe, en un partido que estaba
perdido, levantó al equipo. Luego, con
una victoria por 4 a 1 frente a Rosario
Central, el 5 de junio de 2001, en el
Cilindro, Racing no sólo volvió a la
senda del éxito, sino que ese día se
salvó definitivamente del descenso y la
promoción.
Pero la
historia de ese torneo Clausura tenía
reservada una última sorpresa. En la
jornada final, el equipo se despidió con
un festejadísimo éxito en el clásico
ante Independiente por 1 a 0, como
visitante, con un tanto de penal de
Maximiliano Estévez. El hecho de haber
evitado la promoción y de conseguir el
resonante éxito final ante el rival de
toda la vida fue el preanuncio del
romance que se generaría entre el equipo
y los hinchas en el campeonato
siguiente, con la obtención del título.
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Gol de Racing, Bastía y Barros
Schelotto en la parte alta de la
montonera. |
Se
había cumplido el primer objetivo,
entonces era el momento de volver a los
primeros puestos y empezar a recuperar
el prestigio. El plantel se renovó,
llegaron muchos refuerzos y se armó un
plantel competitivo, sin incorporaciones
resonantes, sino más bien buscando con
cuidado cada uno de los hombres. Aunque
nadie negaba el deseo de salir campeón,
no se apuntaba directamente al título,
sino que se pretendía pelear arriba en
ir consolidando una estructura.
Llegaron el arquero Gustavo Campagnuolo
(de San Lorenzo), el lateral izquierdo
colombiano Gerardo Bedoya (Deportivo
Cali), los zagueros Gabriel Loeschbor
(Rosario Central) y Francisco Maciel
(Almagro), el lateral derecho Martín
Vitali (Independiente), los
mediocampistas Gustavo Barros Schelotto
(Villarreal, de España), Cristian Ríos
(Unión), Leonardo Torres (Chon Buk
Hyundai, de Corea), Alexander Viveros
(Fluminense, de Brasil) y el delantero
Rafael Maceratesi (Rosario Central).
Se hizo
una nueva pretemporada, esta vez en Mar
del Plata. En esos días en la costa el
grupo empezó a forjar la mística
ganadora, lejos del ruido, en la
intimidad, poco a poco.
La
ilusión se puso en marcha la noche
lluviosa del viernes 17 de agosto en
Avellaneda, frente a Argentinos Juniors.
Carlos Arano abrió el camino con una
escapada individual que terminó en un
gran zurdazo desde afuera del área. Pero
como nada es fácil para Racing, el
partido se complicó, Argentinos empató y
hubo que remar nuevamente. Pero ese
campeonato la suerte estaba del lado de
la Academia; en el segundo tiempo un
centro terminó con el gol en contra de
De Muner y la victoria final de Racing
por 2 a 1.
Ese
triunfo fue el primer eslabón en una
cadena invicta de once partidos que,
como en el final del Clausura, continuó
frente a Independiente. Y, aunque no fue
una victoria, se festejó como tal.
Racing perdía 1 a 0, pero intentaba, iba
al frente. Y, de tanto buscar, tuvo su
premio en el último minuto: centro, el
arquero Rocha que sale mal y Loeschbor,
con un cabezazo, desató un festejo de
ribetes épicos.
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Gabriel Loeschbor festeja el gol
del campeonato frente a Vélez
junto a Claudio Ubeda, el
capitán |
Luego
de la segunda fecha, Racing quedó
cuarto. Fue la única vez en el
campeonato que la Academia no estuvo
primera, porque tras el empate ante
Independiente el equipo hilvanó tres
victorias seguidas, frente a Rosario
Central (1-0), Newell’s (2-1) y Talleres
(2-0). Un empate ante Belgrano (0-0) y
un dificilísimo triunfo ante Huracán en
Parque Patricios (1-0, gol de Barros
Schelotto) precedieron a otro gran
impacto racinguista, que empezó a
catapultarlo definitivamente como serio
candidato al título. En el Cilindro,
Racing goleó a San Lorenzo por 4 a 1,
con tantos de Loeschbor, Estévez, Bedoya
y Maceratesi. El entusiasmo no sólo fue
por el resultado: Racing tuvo una
producción futbolística de alto vuelo.
Fue, casi con seguridad, el mejor
rendimiento del equipo en el campeonato.
La
mitad del campeonato se acercaba y
Racing seguía firme en la cúspide de la
tabla de posiciones. Les ganó a Unión
(2-0) y a Colón (2-1). El último partido
de la serie invicta fue en La Plata,
ante Estudiantes. Otro día lluvioso. El
primer tiempo terminó con la cancha
embarrada para la Academia: 0-2. Parecía
que la primera derrota era un hecho,
porque remontar dos goles ante el equipo
platense, en su cancha, no resultaba
sencillo. Pero en el entretiempo algo
cambió. Los jugadores salieron con todo
el amor propio a jugar los últimos 45
minutos, sorprendieron al conjunto
pincharrata y enseguida consiguieron el
empate, con dos tantos de Estévez, a los
4 y a los 6 minutos. La alegría era
inmensa, porque Racing quedaba otra vez
mano a mano y con el envión favorable
para intentar pasar al frente. Y lo
hizo: a los 26 minutos, José Chatruc
quiso hacer una pared y le salió, pero
con un rival; cuando entró en el área,
definió de derecha y desató el delirio
de la hinchada. Fue una victoria muy
importante.
El
partido siguiente era con Gimnasia, pero
primero se disputó el clásico ante Boca,
que correspondía a la decimoquinta
jornada y que fue adelantado porque el
equipo xeneize debía disputar la Copa
Europeo-Sudamericana frente a Real
Madrid, en Japón. El cambio no fue
positivo. Ese jueves, la gente de la
Academia llegó a la Bombonera con la
ilusión en alto, pero Juan Román
Riquelme estuvo inspiradísimo, Boca
brilló y Racing se vio superado. Fue 3 a
1 y Maxi Estévez marcó el descuento.
Pero las derrotas también sirven y el
equipo de Mostaza fortaleció su espíritu
de cara al tramo final del certamen.
Al
domingo siguiente quedó claro que de
ninguna manera los jugadores estaban
vencidos. No dudaron un instante del
camino a seguir. Y claramente a Gimnasia
y Esgrima La Plata, en Avellaneda, por 4
a 1. Un resultado rotundo en una fecha
especial: fue un 4 de noviembre, día que
se hizo un lugar en los corazones
albicelestes desde que en 1967 el Chango
Juan Carlos Cárdenas le marcó el golazo
a Celtic.
Un
vibrante empate frente a Nueva Chicago
(4-4) en la cancha de Vélez y una
ajustada victoria frente a Chacarita por
1 a 0 antecedieron al “partido del
campeonato”. Racing-River, en el
Cilindro. El estadio se llenó, como en
las grandes tardes. La Academia llegó a
ese encuentro con cinco puntos de
ventaja sobre los millonarios. Esteban
Cambiasso puso en ventaja al equipo
dirigido por Ramón Díaz. La tensión en
los hinchas fue creciendo de a poco,
porque los minutos transcurrían, pero el
empate se demoraba. A diez minutos del
final, el resultado seguía inalterable.
Hasta que a cuatro minutos del final
apareció el zurdazo inmortal del
colombiano Gerardo Bedoya para romper el
cero en el arco de Angel Comizzo y poner
el marcador 1-1. La explosión que se
produjo en la cancha fue única. Ya la
gente de la Academia sentía el título al
alcance de la mano. Quedaban sólo tres
fechas.
La
cercanía de la vuelta olímpica
posiblemente haya hecho que, con un
empate 0 a 0 ante Banfield, en la cancha
de Huracán, River consiguiera acercarse
a tres puntos a falta de dos encuentros.
Racing jugó mal frente al equipo del
Sur, pero esa tarde Merlo, apenas
terminado el encuentro, abandonó su
cautela habitual y la frase “paso a
paso” para mandarles un mensaje a los
jugadores y a todos los hinchas: “Ahora
me cansé. Vamos a salir campeones”. Fue
la inyección anímica, la palabra
motivadora en el momento justo.
Una
semana después, el Cilindro rebalsó de
hinchas frente a Lanús. La confianza
estaba intacta. Toda la Academia soñaba
con una consagración anticipada para
festejar en casa. Rafael Maceratesi
abrió el marcador luego de una serie de
rebotes y el delirio se apoderó de las
tribunas, que volvieron a estallar sobre
el final, con el gol de José Manuel
Chatruc. La victoria de River sobre
Argentinos por 3 a 1 postergó la
consagración, pero no empañó la fiesta.
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Los jugadores festejan el
campeonato arriba del arco de la
cancha de Vélez, una de las dos
que llenó la gente ese 27 de
diciembre. |
Racing
siempre tuvo destino de sufrimiento.
Esta vez no fue la excepción. El 20 de
diciembre estalló en el país una crisis
política, económica y social de enormes
proporciones, que terminó con la
renuncia del entonces presidente
Fernando de la Rúa, sucedido brevemente
por el senador Ramón Puerta. Durante
esos días de violencia e incertidumbre
se declaró el estadio de sitio, lo cual
no resultaba el contexto apropiado para
definir el campeonato de fútbol. Que
Racing no tuviera la posibilidad de dar
el último paso en la carrera hacia una
consagración que llevaba 35 años de
espera era casi intolerable para los
hinchas, que a esas alturas no entendían
que el maleficio pudiera llegar tan
lejos.
El día
elegido fue el 27 de diciembre de 2001.
El que quedará grabado por siempre en la
memoria de todos los racinguistas. Ese
día no importó el resultado del equipo
millonario, porque la Academia no
necesitó de terceros. Después del 0 a 0
del primer tiempo, a los ocho minutos
del segundo llegó el centro preciso de
Bedoya y el cabezazo goleador del
guerrero de la defensa, Gabriel
Loeschbor. El delirio y la emoción
explotaron en Liniers y también en
Avellaneda, en el Cilindro, donde 40.000
almas que no pudieron conseguir su
entrada para estar en el estadio José
Amalfitani se reunieron para vivir, a
través de una pantalla gigante, todas
las alternativas del partido final.
Por
fin, Racing podía gritar CAMPEON.
Tuvieron que pasar 35 años para que el
destino les permitiera a los
racinguistas abrir la boca y pronunciar
con toda la fuerza de las cuerdas
vocales ese sentimiento pintado de
celeste y blanco. Las lágrimas en los
rostros de los hinchas se reflejaban
dentro del campo en jugadores como
Carlos Arano, el lateral izquierdo que
se forjó en las inferiores y cuya
habitación en la casa de los padres
todavía se mantenía juvenilmente
revestida con la pasión de la Academia.
Se emocionó él en el césped, se emocionó
su padre en la tribuna. Festejaron todos
durante largas horas, días, semanas y
meses, porque el título de Racing, el
más esperado de todos, fue saludado por
propios y extraños.
El mundo
del fútbol se arrodilló una vez más ante
una gesta histórica del equipo más
apasionado de la Argentina: Racing Club.
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